Martirio de Juan Bautista
EL MARTIRIO DE LOS PROFETAS
Es arriesgado ser mensajero y profeta de Dios. Todos los seguidores de Cristo somos pueblo profético, destinado a recibir y a proclamar el mensaje salvador de Jesús, Hijo de Dios. En primer lugar, resulta difícil tener un oído profético abierto a la voz del Señor, sin distraernos con otras palabras. Encierra también su dificultad trasmitir, a otros con exactitud y valentía la Palabra recibida de Dios: «Tú ciñe tus lomos; yérguete y diles todo cuanto Yo te mandaré» (Jr 1,17). Es difícil el soportar la resistencia de los hombres -creyentes e increyentes- ante las exigencias del mensaje del Señor. El que se proponga obedecer y servir a Dios, tendrá oposición y persecuciones y, a veces, el mismo martirio, término de muchos profetas.
Este siglo nuestro, que presume de su progreso y su cultura, se ha convertido con frecuencia en un siglo de intolerancia y de martirio. Hoy, muchos son perseguidos y bastantes asesinados por intolerantes y fanáticos, que se oponen al anuncio salvador del nombre de Cristo. Vuelven a darse nuevos Juanes Bautistas, que son criticados, perseguidos, encarcelados y muertos a manos de los nuevos Herodes y Herodías del mundo de hoy (Mc 6,17-28).
Para los profetas de ayer y de hoy sigue vigente la palabra profética de aliento. Con Dios se puede resistir la difamación y los ataques; con Dios lo difícil se hace fácil: «No tiembles ante ellos» (Jr 1,17). «Te pongo desde hoy como ciudad fortificada, como columna de hierro, como muro de bronce frente a la tierra toda» (Jr 1,18). «Te combatirán, pero no te podrán, porque Yo estaré contigo para salvarte, -dice el Señor» (Jr 1,19).
Danos, Jesús, fortaleza para resistir los ataques que vendrán al trasmitir tu palabra y concédenos amor para perdonar a tus enemigos y opositores.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.