Martes 5ª Semana de Pascua
VOY AL PADRE
La vida de Cristo es una continua referencia a su Padre del cielo. Cuando Cristo va a concluir su misión en la tierra, anuncia a sus discípulos que se «va al Padre» (Jn 14,28). Esta marcha al Padre es para Jesús una buena y alegre noticia. Nosotros tenemos que alegrarnos con ella, si es que amamos a Cristo y deseamos su triunfo y su glorificación con el Padre. También cuando nuestros hermanos terminan su camino temporal, deberíamos alegrarnos con ellos porque van al Padre. Y cuando Dios nos llame, pedimos que nos conceda la alegría de los que vuelven al Padre de cuyas manos salimos: «se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador» (Lc 1,47).
Nadie sube al Padre hasta la hora señalada por Dios. Los judíos de Iconio apedrearon a Pablo en Listra y lo arrastraron fuera de la ciudad dejándolo por muerto (Hch 14,19). Pero todavía no era la hora de Pablo, que se levantó y volvió a Ia ciudad (Hch 14,20). Aún tenía que trabajar duro por Cristo, antes de volver al Padre.
«El Padre es más grande que yo» (Jn 14,28b), nos dijo Cristo. La presencia invisible del Padre es más importante que la presencia física de Cristo entre nosotros. Jesús quiere enseñarnos a valorar la realidad invisible del Padre como superior a todas las realidades visibles. El Padre es más que todo lo visible, lo temporal y lo creado. Por eso, tenemos que poner nuestro corazón con Cristo en lo invisible de la realidad del Padre y repetir con Jesús: «Yo amo al Padre» (Jn 14,31).
Nuestro amor al Padre ha de ser un amor encarnado, que se manifiesta en obras de servicio, de obediencia y cumplimiento de la voluntad del Padre. Como Cristo hemos de buscar que «el mundo comprenda que yo amo al Padre y que lo que el Padre me ha mandado, lo hago» (Jn 14,31). Unas veces, nos mandará el Padre que, como su Hijo o San Pablo, soportemos la tribulación, la cruz, los azotes o la lapidación (Hch 14,19). En otras ocasiones, nos pedirá el Padre que trabajemos para predicar la buena noticia y ganar discípulos (Hch 14,21) para Cristo. Y siempre nos instará a «perseverar en la fe y a pasar muchas cosas para entrar en el Reino de Dios» (Hch 14,22), sin evadirnos de la dura realidad que nos rodea.
Padre nuestro del cielo: que no tiemble ni se acobarde nuestro corazón cuando nos mandes ir a Tí (Jn 14,27b). Que entonces no tenga «poder sobre nosotros el príncipe de este mundo» (Jn 14,30), sino que de la mano de Jesús y de María podamos cruzar gozosos los eternos umbrales de tu Reino.
«Os doy mi paz (Jn 14,27) para que no se acobarde vuestro corazón ante las dificultades y los duros trabajos por el Evangelio y mi Reino. A su tiempo Yo os daré el descanso. No temáis al príncipe de este mundo. Yo lo he vencido. Amad siempre a mi Padre y haced todo lo que os mande».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.