Martes de la 9ª Semana
LA IMAGEN DE DIOS
Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza (Gn 1,26), pero no debemos ignorar que esta imagen de Dios en el hombre puede deteriorarse o mejorarse. El denario romano llevaba impresa en una de sus caras la imagen del César y su inscripción (Mc 12,16). Al pertenecer al César, a él había que devolvérsela como tributo. El hombre, al llevar en sí grabada la imagen y semejanza de Dios, a Él y sólo a Él ha de pertenecer.
Esta imagen de Dios debemos perfeccionarla en nosotros con su gracia, procurando que Dios nos encuentre en paz con Él, «inmaculados e irreprochables» (2 P 3,14), cuando Él venga. Al «crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2 P 3,18), nos asemejamos más a Él y somos imágenes suyas más perfectas.
Nuestra semejanza con Dios no es una imagen estática y muerta, como la grabación en una moneda o el dibujo de una pintura, sino que es una imagen de Dios viva y una participación viviente de su mismo ser. Esta semejanza de Dios en nosotros debe perfeccionarse de día en día, aunque nuestra morada corporal y terrena se deteriore.
Señor Jesús: que ni las injurias ni las desgracias, ni los problemas propios o ajenos, ni la abundancia o las carencias desfiguren tu imagen preciosa en nosotros. Haz que de día en día vayamos configurándonos a tu imagen del Jesús paciente o glorioso y siempre lleno de amor por nosotros.
«Desde el bautismo estáis sellados con mi imagen divina de hijos por el sello de mi Espíritu. ¿Por qué os dejáis marcar con el sello del pecado y de esclavos de Satanás? Lavad con vuestras lágrimas y mi gracia el sello de la corrupción y del pecado. Venid a Mí para tener vida abundante. Venid a Mí para que mi amor y mi imagen estén en vosotros».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.