Martes 4 de marzo

4.03.25

Martes 8ª Semana

SU OFRENDA; NUESTRAS OFRENDAS

A Dios, que es el todo santo le agradan las ofrendas puras y santas: «El Señor aceptará las ofrendas del justo y no las olvidará» (Si/Eclo 35, 7). Y si el Padre del cielo acepta las oblaciones del justo, ¿cómo no va a aceptar las ofrendas de Jesús, el Justo de Dios, que cada día se inmola en la Eucaristía por los hombres? ¿Cómo podrá el Padre no acoger el don maravilloso del Hijo que en la cruz se entregó a Él por toda la humanidad?

Unidos a Cristo, hacemos al Padre la ofrenda de nuestras vidas y de todo lo que tenemos y, con San Pedro, le decimos: «Señor, lo hemos dejado todo» (Mc 10,28). Pero, tal vez, nos sintamos tan pobres que no nos atrevamos a ofrecer a Dios nuestra miseria. Entonces tendremos que ofrecer nuestra pobre ofrenda, unida siempre a la preciosa oblación de Jesús y así nos volveremos gratos a Dios desde nuestra mísera pequeñez.

«Padre Dios: acepta las pobres ofrendas y sufrimientos de los hombres, unidos al sacrificio de tu Hijo Jesús. Acepta nuestras vidas, asociadas a la ofrenda de la vida y de la muerte de Jesús. No permitas que nuestras ofrendas sean calculadas, ruines o tacañas como las de Caín; sino decididas como la de Pedro que lo dejó todo para seguir’ a Jesús (Mc 10,28), o como la generosa oblación de tu Hijo bien amado, Jesús, que se entregó por y para nosotros como el don abundante del ciento por uno, ya desde ahora, y como donación de vida eterna para la edad futura (Mc 10,30). Amén».

“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.