Martes 1 ª Semana de Adviento
COMO ENSEÑA DE LOS PUEBLOS
El retoño del tronco de Jesé (Is 11,1) y de David, el Mesías esperado, se alzará como enseña de los pueblos (Is 11,10), como bandera que congrega a gentes de todas las razas y naciones. Nos gozamos del poder de convocatoria del Mesías, a quien el Padre le ha concedido todo poder en el cielo, en la tierra y en los abismos (Flp 2,10) y todo se lo ha entregado en sus manos (Lc 10,22). Este Jesús, ensalzado por el Padre, es al que tenemos que anunciar en este tiempo de Adviento y en cada momento a todos los pueblos de la tierra. Proclamémosle, a imitación de San Francisco Javier, que anunció a pequeños y grandes las extraordinarias riquezas de salvación que hay para todos los hombres en Cristo Jesús, como el Salvador de todos. Él es quien conoce al Padre y quien nos lo puede revelar (Lc 10,22b).
Es maravilloso que Dios quiera revelarse a los sencillos (Lc 10,21), a los que encuentra vacíos de autocomplacencia, de humana sabiduría y de poder. Glorificamos al Padre, Señor de cielo y tierra, por querer comunicarse a los sencillos. San Francisco Javier se admiraba en la India de cómo se cumplían estas palabras del Señor, cuando predicaba a los niños y sencillos, que acogían la revelación de Dios con corazón pronto y abierto a la verdad y a la fe.
Queremos acoger a Jesús como al que está lleno del Espíritu de Dios: «Sobre Él se posará el Espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y de conocimiento, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor de Dios» (Is 11,2). Al aceptar a Jesús, también nosotros somos llenos de su Espíritu. Acogemos a Cristo, como libertador, que tiende sus manos para rescatar al resto de su pueblo (Is 11,11). Recibimos a Jesús, sabiduría de Dios, como a Aquél que nos llena de la ciencia del Señor como las aguas colman al mar (Is 11,9).
Aceptamos a Jesús como al Justo, que defiende al desamparado (Is 11,4) y pone paz entre los hombres divididos.
¡No hay nadie como mi Dios, no hay nadie! Te alabarán, Señor, los reyes de la tierra, cuando conozcan tu realeza y nosotros Te alabaremos siempre como enseña de salvación para todos los pueblos. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.