Martes 6 de agosto

6.08.24

Martes de la 18ª Semana

Transfiguración del Señor
POR TI, PATRIA ESPERADA

Por ti, Patria esperada, cruzamos el desierto de la vida con fe inextinguible. De vez en cuando, Dios «envía gente a explorar el país» que nos va a entregar en el futuro (Nm 13,2), y algunos suben a una montaña alta (Mc 9,1), como Santiago, Pedro y Juan, y desde allí contemplan el blanco resplandor de la patria definitiva y gloriosa (Mc 9,2).

Pero, pronto se interpone «la nube» (Mc 9,6), que nos avisa que aún no hemos llegado a la visión plena de la patria. Aún no hemos llegado a la «tierra que mana leche y miel» (Nm 13,28), pero comenzamos a pregustar por la fe ya la herencia de los hijos (Mt 15,26) ‘y a vivir medio a oscuras la liberación de los herederos de Dios.

No hablamos de «invenciones fantásticas, sino de datos de los que han sido testigos oculares de la grandeza» (2 P 1,16) de Dios y de la patria definitiva. Ellos han visto el resplandor celeste en Cristo transfigurado y glorioso.

Es Cristo el primer y más autorizado testigo, que conoce la patria celeste y nos habla de ella. El profeta Daniel contempló en visión al Padre, como un anciano sentado en su trono y «su vestido era blanco como nieve» (Dn 7,9). Daniel presintió al Espíritu de Dios «como un río impetuoso de fuego, que brotaba delante de Dios» (Dn 7,10). Y vio al Hijo, «como una especie de hombre entre las nubes del cielo» (Dn 7,13), que recibe del anciano venerable «el poder, el honor y el reino» (Dn 7,14). Ese reino y esa patria esperada jamás acabará (Dn 7,14b).

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.