CREER EN EL HUO
Este es el mandato del Señor: Creer en el nombre de su Hijo, Jesucristo (1 Jn 3,23). Se nos manda creer en su persona divina, creer en su poder y en su amor, creer en su verdad y en su vida; creer que me unge con su Espíritu Santo y me diviniza: «Sabemos que Él mora en nosotros por el Espíritu que nos da» (1 Jn 3,24).
No soy digno de recibir tu Espíritu, Señor, Límpiame interiormente para recibirlo. Prepárame para aceptarlo y amarlo, a Él y a Ti, Señor mío.
Al creer en el nombre de Jesús, su acción salvífica se continúa en nosotros, curando toda clase de enfermedades y dolores, y a poseídos, lunáticos y paralíticos (Mt 4,24). Crecemos en la fe del Jesús que cura toda clase de enfermedades: espirituales (posesión), mentales (lunáticos), psicológicas y fisiológicas (paralíticos). Creer en Jesús es abrirnos a la luz que brilla para los que habitan en tierra y en sombras de muerte (Mt 4,16).
Desde de una fe con obras recibiremos de Dios cuanto pidamos (1 Jn 3,22). Desde la fe que confiesa a Jesús venido en carne, podremos conocer al Espíritu de Dios, que confiesa en nosotros a Jesús (1 Jn 4,2).
Precisamente, es el Espíritu de Jesús el que nos va a ayudar para creer más y más: creer casi hasta la evidencia, hasta la certeza de las actuaciones salvíficas concretas del Señor Jesús en nuestras vidas; hasta la seguridad de que el Señor va a actuar carismáticamente más todavía en su Iglesia y en esta época, para que el mundo se salve.
Creo en Ti, Señor Jesús, y quiero creer más hasta que el claroscuro de la fe se haga luz radiante, hasta que la fe se haga visión vivísima y palpable.
“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.