Martes 3ª Semana de Pascua
EL PAN DEL CIELO
Hay muchos hombres que viven demasiado a ras de tierra, buscan intereses materiales, obedecen a la carne y «resisten siempre al Espíritu Santo» (Hch 7,51). No tienen tiempo ni ganas de levantar los ojos al cielo y pensar en los dones de Dios. El hombre, que sólo piensa en lo terreno, se empobrece humana y espiritualmente y corre el riesgo de arruinar su vida terrena y eterna.
Existen hombres y mujeres de otro estilo, que piensan en las cosas eternas y desean los bienes del cielo. San Esteban, protomártir, era uno de estos. Juzgado injustamente, alza los ojos y ve a Jesús en la gloria del cielo, sentado a la derecha de Dios (Hch 5,55-56) y aprecia los bienes de arriba. El Hijo del hombre estaba en lo alto del cielo. De allí bajó a la tierra y al cielo volvió, resucitado y glorioso.
Cuando Cristo baja, él es verdaderamente «el pan bajado del cielo» (Jn 6,32), en vez del maná, que Moisés consiguió para su pueblo en el desierto. «El pan que Dios da es el que baja del cielo y da vida al mundo» (Jn 6,33). Y ¿no es éste el pan que pedimos a Dios en el Padre Nuestro: ese Jesús «que baja del cielo». El pan «epiúsion», que pedimos en el texto griego del Padre Nuestro, más bien que el pan «cotidiano», es el pan «sobresustancial» y el pan «sobrevenido» de lo alto. Con esta interpretación todas las peticiones de la oración dominical quedarían convertidas en peticiones de bienes celestes y de lo alto.
Sin embargo, Padre nuestro del cielo, como terrenos que somos te pedimos también cada día el pan de la tierra. Pero levantamos los ojos al cielo y Te pedimos también el pan del cielo que supera a todas las sustancias materiales: a Jesús tu Hijo. Y Tú, Cristo, pan de vida, baja del cielo para darnos vida eterna y para convertirte en vida nuestra para siempre. Danos deseos de los bienes, que la polilla no corroe y que son perdurables.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C (Ceferino Santos S.J.)