Martes de la 18ª Semana
TÚ NOS SALVAS, SEÑOR
Cristo en persona es el que nos salva, cuando nos hundimos en las olas de las dificultades y de la falta de fe, como San Pedro en el lago de Galilea (Mt 14,31). No nos salvan doctrinas vacías de vida ni las tradiciones muertas de los fariseos de ayer y de hoy ni los ritos rutinarios de lavar las manos antes de comer (Mt 15,2) como señal de que somos gratos a Dios, mientras conservamos en nuestro interior manchados nuestros corazones y deseos.
No nos salvan nuestros perfeccionismos ni nuestras críticas a los posibles defectos de los otros (Nm 12,1); nuestras decisiones imperfectas y nuestros pecados nos manchan con su lepra espiritual, como a María, la hermana de Moisés la marcó la lepra en su piel por haber murmurado de su hermano (Nm 12,10). Es Dios quien nos purifica y nos limpia a nosotros y a María de su lepra y de las nuestras. La salvación no viene de nosotros, sino de las manos de Dios. Es Dios quien nos purifica y nos limpia a nosotros y a María de su lepra y de las nuestras. La salvación no viene de nosotros, sino de las manos de Dios. En nuestras manos sólo está nuestro pecado, que nos aleja de la salvación de Dios.
¡Gracias, Padre, por habernos enviado a Jesús, tu Hijo amado, para que cure nuestras heridas, perdone nuestros pecados, limpie nuestras lepras y nos haga hijos tuyos, redimidos, salvos y perdonados!
¡Gracias por tu Hijo Jesús, el Salvador de todos los hombres!
A Ti, Padre, con tu Hijo Jesús en el Espíritu Santo todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.