El pasado domingo 29 de mayo, día del Corpus Christi, nuestra hermana Mercedes Gallardo Cruzado partió, sobre las alas del Espíritu Santo, camino al Padre. Para aquellos que no tuvisteis la dicha de conocerla, os la vamos a presentar.
Mercedes, nació el día 14 de Abril de 1931 en Cádiz, donde compartió su infancia con sus hermanas Rosario y Remedios. Se casó muy joven con Manolo Muriel, a quién todos recordamos, con el quel tuvo cinco hijos. Su inquietud le llevo a estudiar Teología en la Facultad de Granada. Ejerció su actividad docente desde el año 1988 hasta su jubilación en el Instituto “Fuerte de Cortadura”, donde fue profesora de religión.
A finales de la década de los 70 conoció la Renovación Carismática formando ya, para siempre, parte fundamental de su vida. Mercedes fue ante todo una gran cristiana y una grandísima mujer. Movida desde muy joven por lo ella consideraba desconocimiento y algo de abandono por parte de la Iglesia hacia el Espíritu, supo reconocer en aquello que llegaba a España por el sur, la Nueva Vida: la Vida en el Espíritu. Y a ella se agarró. ¡Por fin se le daba al Eterno Desconocido la importancia que tenía! Y así empezó gran parte de la historia que hoy tiene la Renovación Carismática en España.
La gran mayoría de todos nosotros la conocimos en el grupo carismático “La Viña del Señor”, que se reunía en sus inicios en la iglesia de la Palma, aunque años más tarde continuó prestando servicio a la Renovación en el grupo “ Caminantes de Emaús”, los dos de Cádiz.
Mercedes fue una hermana muy importante para todos dentro de su grupo: “La Viña del Señor“. Además de ser precursora, era como la mamá de todos. Era la dirigente, la confesora, la servidora de todos, la directora espiritual de muchos de nosotros; paciente e impaciente, como ella misma se llamaba; exigente y comprensiva a la vez; espiritual y práctica, supo entregarse a Aquel en quien creía y supo trasmitirnos a todos su amor y su docilidad al Espíritu.
Una mujer con un gran saber estar…¡y saber desaparecer! (¡que no es fácil) que, hasta que la enfermedad se lo impidió siguió, aún desde su retiro, la Vida que seguía fluyendo en su querida Renovación Carismática. Solía decir que las cosas no ocurren “por qué..” si no “para qué..” En ningún momento la oí quejarse de su enfermedad, ni tan siquiera cuando peor lo pasaba; sólo decía: “estoy bien”. Y sí, estaba bien. Bien, porque iba acercándose al Padre y a reencontrarse con Manolo, su marido, a quien tanto echaba de menos. ¡Y ya no deseaba nada más! Seguramente, si el día 29, cualquiera de nosotros hubiéramos podido hablar con ella y preguntarle cuál era ese «para qué» de su enfermedad, nos hubiera dicho : «Para poner fin a mi trabajo y para que lo haga viviendo un poco la Cruz de Cristo. Y hoy, día del Corpus Christi, es el mejor para ello. No estéis tristes». Así era ella: todo fuerza, genio y amor.
Hoy queremos rendir homenaje a Mercedes y a su labor en la Renovación Carismática a la que todos amamos y a la que muchos aprendimos a amar cogidos de su mano. Podemos estar seguros de que desde donde está vela por ella y por todos aquellos que la queremos, y que siempre le estaremos muy agradecidos por su entrega y trabajo.
¡Gracias, Señor, por Mercedes!
Mercedes Muriel y Chari Bolaños.
“La Viña del Señor” Cádiz