Miércoles 1 de enero

1.01.25

OCTAVA DE LA NAVIDAD DEL SEÑOR

Santa María, Madre de Dios

CONSAGRACIÓN DEL NUEVO AÑO

Iniciamos el año nuevo en el nombre del Señor y con acciones de gracias: «Que el Señor nos bendiga y nos proteja» (Nm 6,24). Al acercarnos a Jesús, como los pastores, con fe y esperanza (Lc 2,16) quedamos llenos de bendiciones. Al invocar el nombre de Jesús, que se le impone a Él a los ocho días de su nacimiento (Lc 2,21), queremos recibir su protección para nuestras vidas en este año que comienza. Queremos vivir al lado de Jesús Niño la gran bendición de la filiación adoptiva, que recibimos por el Espíritu del Hijo que clama en nuestros corazones: ¡Abbá, Padre! (Ga 4,6).

Que el Señor bendiga nuestra consagración de este año «al Espíritu Santo y a su presencia santificadora dentro de la comunidad de discípulos de Cristo» (Tertio Millennio, nº 44), de hijos y herederos de Dios (Ga 4,7).

• Dios Padre, Señor de la vida y de las horas: Te consagro mi vida y mi tiempo, mis palabras y mis obras, mis pensamientos y mis trabajos en este año.

• Te consagro, Espíritu Santo, este año a Ti, para que tomes control de hechos, personas, espíritus y circunstancias… Que nada se desborde fuera de la voluntad divina y peligrosamente ni para mí ni para otros… Endereza lo torcido; guía al que tuerce el sendero.

• A Ti, Jesús, Hijo de Dios y de María, Te consagro el tiempo, los días y las horas de este año que comienza y que avanza hacia la plenitud de lo eterno y de lo absoluto en Ti. Lleva nuestro tiempo a la plenitud del más allá del tiempo, que eres Tú. Señor y Centro de la Historia: ¡gobierna con poder y santidad a nuestro mundo descreído y alejado de Ti!

• A ti, María, Madre de Jesús, el Príncipe de la Paz, te consagramos esta tierra nuestra, sembrada de discordias y de guerras. Tú, Reina de la paz, intercede por tus hijos y haznos pacíficos y limpios. Sé tú la educadora de la paz en nuestros corazones, en nuestras actitudes y afectos, en nuestras voluntades libres. Hazte presente en un mundo contaminado del hedor irrespirable del pecado con el perfume purísimo y sanador de tu santidad y la de Jesús.

Quitamos en el nombre de tu Hijo Jesús todo dominio a los espíritus del mal sobre nuestras almas y nuestros cuerpos, sobre nuestra tierra y sobre el año que comienza. Y danos en nuestro tiempo la Paz, que es tu mismo Hijo Jesús. Amén.

“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.