Miércoles 10 de abril

10.04.24

Miércoles 2ª Semana de Pascua

EL QUE CREE EN ÉL

La fe en Jesús es un don inapreciable. El que cree en el Hijo único de Dios, engendrado desde siempre en el Padre y hecho hombre en el tiempo, como verdadero Dios y como verdadero hombre, ése comienza a ser un bienaventurado que no verá la condenación: «el que cree en Él, no será condenado» (Jn 3,18a). Se trata de una promesa importante.

Creer «en el nombre del Hijo único de Dios» (Jn 3,18c) no es sólo una fría aceptación intelectual de la persona divina de Cristo, encarnado en una naturaleza de hombre; es también comprometer la propia vida por Cristo, anteponiéndole a Él y su servicio a todo otro interés, egoísmo y aún al propio yo y a la propia vida. Se trata de una fe en Cristo, el Hijo de Dios, que afecta a nuestra conducta y a nuestras obras, que han de estar hechas según Dios (Jn 3,21), en su presencia santísima y con sumisión de entendimiento y de voluntad a Él como al único Señor.

Los que creen en Jesús y Le aman, se acercan a su luz y el Hijo se entrega a ellos por amor «para que no perezca ninguno de los que creen en Él» (Jn 3,16), sino que tengan vida eterna. Los que creen en Jesús, «explican al pueblo este modo de vida» (Hch 5,20), aun a riesgo de su propia seguridad, como les sucedió a los apóstoles: «mandaron prenderlos y meterlos en la cárcel común» (Hch 5,18).

Hay que anunciar a Cristo a todos «para que el mundo se salve por Él» (Jn 3,17). Los que crean en Jesús tendrán vida eterna. Los que no crean en Él, «ya están condenados» (Jn 3,18b). De aquí, la lucha de Jesús para que los hombres crean y se salven. El ángel del Señor está dispuesto a hacer milagros, a abrir las puertas de la cautividad y a sacar fuera de la cárcel de las tinieblas (Hch 5,19) a los que aún no creen en Jesús, para que todos se acerquen a la verdad, que es Cristo y no sean acusados por sus obras (Jn 3,20).

María Madre: Tú que creíste todo lo que te fue dicho, ayuda a tus hijos a creer en el nombre del Hijo único de Dios, a entregarnos a Él y a salvarnos.

«Hijitos míos de mi amor y mi dolor: Os amo como Madre vuestra. Pedidle a mi Hijo grandes crecimientos en la fe en Él y en la entrega a su Persona divina. Quiero que seáis plenamente suyos. Él os utilizará entonces como instrumentos de su verdad y de su gloria».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.