Miércoles 5ª Semana
EL INTERIOR DEL HOMBRE
Dios modeló un cuerpo perfecto para el hombre y le infundió un aliento de vida (Gn 2,7). A Dios le interesaba, sobre todo, la hermosura del interior del hombre conseguida en el sometimiento a sus leyes: «Del árbol de conocimiento del bien y del mal no comerás» (Gn 2,17). Dios no quería que el mal y la fealdad moral penetrasen en el hombre.
Cuando perdemos, como Adán o como Salomón, la armonía y la belleza interior, Dios quiere restaurarnos por dentro. Nos hizo hijos adoptivos en nuestro espíritu. A Dios le importa nuestro interior, pues en él quiere morar como en un templo. Dios no se contenta con nuestro exterior y nuestras apariencias de justicia o de limpieza exterior (Mc 7,4). A Dios le interesa que de nuestro interior broten la obediencia a sus deseos, la sumisión a su voluntad y el amor a Él. Cuando en el hombre nace la desobediencia a Dios (Mc 7,21), el hombre se autodestruye (Gn 1,17). En el interior del hombre nacen lo bueno y lo malo, la vida y la muerte. La vida divina brota porque la siembra el amor gratuito de Dios.
¡Señor Jesús! Has venido para que tengamos abundante vida interior: divina y eterna. Infunde tu vida sobrenatural en nuestros vasos de arcilla y santifícanos. Derrama en nosotros tu vida de amor y de luz. No dejes que la vida del hombre viejo, sus pasiones y sus instintos, se desborden en nosotros. Rige Tú nuestra vida interior según tus medidas de amor, según tu divino querer y tu santa voluntad. Amén.
“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.