Miércoles 4ª Semana de Cuaresma
ACTUANDO CON EL PADRE
Jesús, el hijo de Dios, actúa inseparablemente unido con el Padre. El paralítico curado en sábado, junto a la piscina de Betseda por Jesús (Jn 5,15), es curado también por el Padre, que al Hijo «le muestra todo lo que Él hace y le mostrará obras mayores que ésta para vuestro asombro» (Jn 5,20). Con el Padre, que resucita a los muertos, Jesús también los resucitará (Lázaro, el hijo de la viuda de Naín, la hija de Jairo), «porque igual que el Padre dispone de la vida, así le ha dado también al Hijo el disponer de la vida» (Jn 5,26).
Con el Padre, que «resucita a los muertos y les da vida, así el Hijo da vida a los que quiere» (Jn 5,21). Con el Padre el Hijo nos infunde vida divina, que es más que resucitar a un muerto. Por eso honramos al hijo como honramos al Padre (Jn 5,23). Gracias al Padre y al Hijo, «pasamos de la muerte a la vida» (Jn 5,24). Después de la muerte del Hijo, éste bajó a predicar a los muertos, y «los que lo escuchen, vivirán» (Jn 5,25), pues «proclamó su victoria hasta a los espíritus encarcelados» (1 P 3,19) para que se liberen los que crean en Él.
El Hijo dispone de nuestra vida según el querer bendito del Padre. Jesús con el Padre quiere salvarnos, juzgarnos y absolvernos y «su juicio es justo» (Jn 5,30). Jesús con el Padre tiene poder para decir a los cautivos en su purgatorio: «¡Salid!», y a los que están en las tinieblas del pecado: »Venid a la luz» (Is 49,9).
Es Jesús con el Padre el que tiene poder para llamar y atraer a la vida nueva de hijos de Dios a los de lejos y a los de cerca, «a los del Norte y del Poniente y de los otros países de Sin» (Is 49,12). La llamada de la misericordia de Dios es universal y alcanza a todos. Junto con Jesús, su Madre que lo es nuestra, colabora como Mediadora e Intercesora con el Padre y con el Hijo, para que los hombres vuelvan desde sus muertes a tener vida eterna. Ella nunca se olvida de sus criaturas, ni tampoco el Señor, Dueño nuestro, nos puede olvidar (Is 49,15) porque nos tiene grabados en sus entrañas de Padre-Madre.
Nos basta creer en el Padre y en la Palabra de vida de Jesús para empezar a poseer la vida eterna (Jn 5,24). Creemos en estos maravillosos caminos de salvación, donde el Padre y el Hijo actúan con María y el Espíritu Santo. ¡Gracias, Señor, por vuestra actuación salvadora y amorosa en nuestras vidas!
«Dejad que siga actuando en vosotros. Someteos a mi actuación misteriosa de amor. Yo os perfecciono y santifico. Yo os preparo una morada en la Casa de mi Padre».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.