Miércoles de la 23ª Semana
EL MOMENTO ES APREMIANTE
Hay bastantes personas desorientadas, descentradas y perdidas en realidades sin valores profundos y definitivos: «Ay, de vosotros» (Lc 6,24-25), que vais sin norte ni rumbo. Las realidades de este mundo son caducas, pero desde ellas aspiramos a las realidades eternas y futuras. La pobreza material vale para obtener los bienes definitivos del Reino: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios» (Lc 6,20). El hambre material y espiritual recibe como premio la saciedad en el banquete del reino de Dios (Lc 6,21).
La obtención de los bienes eternos no excluye que luchemos solidariamente por la consecución de los bienes terrenos necesarios para todos. «Ay, de vosotros los saciados porque tendréis hambre» (Lc 6,25), pues no os preocupasteis de la necesidad de los demás ni de los dones imperecederos. Vivisteis como el rico Epulón sin mirar al pobre que moría a vuestra puerta. Por eso, perderéis los bienes de este mundo y los bienes incorruptibles del venidero.
En cambio, para los seguidores de Cristo «su recompensa será grande en el cielo (Lc 6,23). Tenemos que mirar mucho más hacia las realidades celestes: «Buscad los bienes de arriba, donde está Cristo» (Col 3,1). Tenemos que «dar muerte a todo lo terreno que hay en nosotros: fornicación, impureza, pasión, codicia …» (Col 3,5). No se trata de despreciar lo terreno que Dios hizo, sino de no esclavizarnos a lo material para poder ser hijos libres de Dios, en unión con Cristo, que es «síntesis de todo en todos» (Col 3,11).
Padre Santo: ayúdanos a buscar los bienes eternos que están escondidos en Ti. Concédenos vivir cada día de tu vida en Cristo y en tu Espíritu. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.