Miércoles de la 2ª Semana
EL SEÑOR ME HA LIBRADO
Cristo es poderoso protector en los peligros y gran triunfador sobre el mal. El Joven David reconoce que, con frecuencia, «el Señor le ha librado de las garras del león y del oso» (1 S 17,37) y sabe que el mismo Señor le librará de las manos de Goliat, el gigante filisteo. David cree que su debilidad con el poder de Dios puede transformarse en fuerza para vencer al gigante enemigo: «Te venceré, te arrancaré la cabeza de tus hombros» (1 S 17,46). Y así sucedió como David había creído Cristo sigue siendo el nuevo David, rey de reyes y Señor de señores, que aplasta la cabeza del maligno y del pecado en nuestras vidas.
En Cristo tenemos nuestra victoria segura sobre el poder del mal. Gracias a Él, el príncipe de este mundo es echado fuera. Cristo, como médico de los cuerpos y de las almas y como medicina bajada del cielo, es también rey victorioso sobre las enfermedades de todo tipo y triunfador sobre sus enemigos.
Al hombre con parálisis en un brazo (Mc 3,1) le manda extender su brazo; lo extendió y quedó restablecido (Mc 3,5). Cristo cura a este enfermo en sábado, día de descanso judío, porque Él vino para vencer al mal y a los defensores del pecado en los sábados, cada día y sin cesar. Si el sábado era el día del Señor para los judíos, como ahora lo es el domingo para los cristianos, es justo que el Señor nos muestre su salvación y nos libere de todo mal de modo especial en el día consagrado al Señor. Para los cristianos es el domingo un día consagrado para buscar el alivio, el descanso y la liberación de nuestro Dios.
«Confiad en Mí. Yo os seguiré liberando de vuestras inmovilidades y parálisis, de vuestros pecados y de vuestras divisiones y enfrentamientos cada día. Respetad mis domingos y acudid a mis Eucaristías. En ellas quiero libraros de vuestros males. Yo soy mayor que vuestro mal y vuestro pecado».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.