Miércoles de la 24ª Semana
MISTERIO DE AMOR
En Cristo se encierran todos los misterios de Dios. Él mismo es un misterio de amor, que nos disculpa sin límites, que espera y cree en nosotros sin límites, que sufrió sin límites por nosotros (1 Co 13,7). Nos acercamos a Cristo, Amor sin fronteras, confiados y avergonzados a la vez, pues nuestro amor sin el suyo es un amor raquítico, con cortapisas, empequeñecido y pobre y tan poco parecido al de Jesús. Cuando alguno trata de amar a todos y en especial a los abandonados, sin límites, como Pedro Claver o Teresa de Calcuta, tenemos imágenes vivas de Jesús el Amor sin límites ni fronteras.
En Cristo se encierra también un misterio de sabiduría y de luz. Él es la luz del mundo. Sin luz de Dios, no podemos penetrar ni su persona divina, ni su doctrina ni su conducta. A los ojos del mundo, la ciencia de la cruz de Cristo parece locura y las exigencias de su doctrina falta de realismo práctico. Cristo nos manda entristecernos y llorar con lamentaciones por nuestros pecados, y nos negamos a hacerlo. Cuando nos pide que nos alegremos por nuestra salvación, preferimos llorar (Lc 7,32). Pensamos, tal vez, que hay imprecisión y fallo en. la revelación de Dios, porque no entendemos el misterio de sabiduría que se encierra en Cristo, Dios y hombre verdadero. Pero los que son «discípulos de la sabiduría, le han dado la razón» (Lc 7,35), han demostrado con sus vidas los aciertos de Jesús, Verdad, camino y Vida, mientras que la sabiduría del mundo conduce a la perdición.
«Acercaos a Mí, si no queréis caminar en tinieblas de ignorancia y desamor. Venid a mi luz de vida y a mi misterio de amor, que todo lo abarca y lo abraza. No penséis nunca que estáis solos y olvidados de mi amor. Yo os amo siempre».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.