Miércoles de la 20ª Semana
EL ÚNICO DUEÑO
Los pastores de Israel y los pastores de la Iglesia nunca pueden hacer sombra o disminuir al Supremo Pastor y Jefe de todos los pastores y mayorales. Nadie es pastor para ser servido, sino para servir al Dueño de los pueblos y a sus ovejas. Otra actuación sería desorden y pecado: «Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos» (Ez 34,2). «No fortalecéis a las débiles, ni curáis a las enfermas, ni vendáis a las heridas; ni recogéis a las descarriadas ni buscáis a las perdidas…» (Ez 34,4). El mal pastor se busca a sí mismo y se olvida de que hay un único Dueño de las ovejas, al que tiene que servir.
Los jefes de Israel olvidaron con frecuencia que era Dios el único Dueño y el único Rey de todo el pueblo. Por eso, Gedeón se niega a ser rey de Israel. Él era sólo un servidor del único Rey de la nación israelita. En cambio, su hijo Abimelec, nacido de una criada, desea el reinado y mata a todos los herederos legítimos de Gedeón, menos a Yotán, que fue escondido. La parábola del rey de los árboles se cumplió en Abimelec. Mientras los árboles frutales querían seguir dando frutos útiles para el pueblo y no aceptaban un reinado que sólo correspondía a Dios; en cambio, la zarza orgullosa acepta ser el rey de los árboles.
Ésta es la enseñanza de la parábola: Cuando Dios no es el único rey y no manda en nosotros, los usurpadores de su autoridad van a la ruina.
Sucede algo parecido en la parábola de la viña. Ésta es propiedad de Dios y nosotros no tenemos posesión y derechos sobre ella. Somos servidores de Dios contratados por la paga de la vida eterna. Que se alegren en el Señor los que le han servido desde la primera hora de su vida, y que se gocen los que sólo le sirvieron a la hora undécima y última de su existir, cuando caía la noche de la muerte (Mt 20,6-7). Nos gozamos de tener un único Dueño, un Pastor único y un solo Rey supremo de toda la creación. Lo nuestro es ser fieles servidores suyos hasta caer rendidos de cansancio en la viña, o en el redil, o en el palacio de nuestro único Señor.
Dios y Dueño nuestro: que nunca te quitemos gloria, aspirando a honores y jefaturas. El que busca tu gloria, es veraz y justo. Sólo Tú eres nuestro único Señor. ¡Glorificado seas por los siglos!
«Os envío a mi viña, no como dueños al descanso, sino como servidores y empleados diligentes para el duro trabajo del día de la vida terrenal. Yo seré vuestra paga y vuestra recompensa. Servid a mis hermanos más pequeños, pobres y desvalidos. En ellos me servís a Mí».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.