Miércoles 21 de junio

21.06.23

Miércoles de la 11ª Semana

LA EXPERIENCIA DE DIOS

No todos los creyentes tienen experiencia personal del Dios en quien creen, de su paternidad, de su cercanía y de su amor. Algunos critican a los cristianos de que parecen «nietos» de Dios, más que «hijos» suyos por lo poco que lo conocen y lo aman. Muchos no han experimentado cómo ama Dios al que se le entrega y da con alegría (2 Co 9,7). Otros aún no han advertido «el poder de Dios que les colma de toda clase de favores» (2 Co 9,8) ni la riqueza de Dios, que se les ofrece.

En las prácticas ascéticas de la limosna, la oración y el ayuno deberíamos descubrir caminos, que nos desvelan la presencia activa de Dios en medio de su pueblo: «Que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre que está en lo escondido» (Mt 6,18). Todas estas prácticas son ayudas, que bien utilizadas favorecen el encuentro personal con Dios (Mt 6,1-6.16-18).

«La vida normal del cristiano debería incluir la experiencia religiosa» de Dios, escribía el P. Kilian McDonnell. Y Juan Pablo II subrayaba a los Obispos brasileños en su visita «ad limina», en septiembre de 1995, que el paso de los católicos desde la Iglesia hacia los grupos «entusiásticos» se debía «en gran parte a la pérdida en la Iglesia de la experiencia religiosa». La experiencia de Dios no puede suplirse solamente con una seca enseñanza doctrinal. Al Dios personal no se le alcanza sin una experiencia profunda de los hombres y mujeres, que han aprendido a encontrar a Dios en lo escondido de su corazón (Mt 6,6).

Señor y Padre: concédenos una experiencia íntima de Ti, como amor celoso y como Padre. «¿Dónde, si no, está el Dios de Jesús, que no se comunica a sus hijos?».

Manifiéstate a nosotros de un modo personal para que seamos testigos tuyos. Amén.

El Pan de la Palabra dánosle hoy” Ciclo A – Ceferino Santos S.J.