Miércoles 5ª Semana dé Cuaresma
NUESTRO PADRE: DIOS
“Tenemos un solo Padre: Dios» (Jn 8,41), le decían a Cristo los judíos. Lo que era una verdad indiscutible por parte de Dios, ha de confirmarse por nuestra parte, viviendo como hijos de Dios. Tendremos que cumplir su palabra para que «su verdad nos haga libres» (Jn 8,32). Si Dios es nuestro Padre, tendremos que amar al Hijo de Dios (Jn 8,42), hemos de dejar que nos haga libres del pecado (Jn 8,36) y de su esclavitud en nuestras vidas.
Como los tres jóvenes que fueron arrojados al horno de fuego (Dn 3,19), tenemos que adorar sólo a Dios como Padre, aunque la fidelidad a Él nos cueste la vida. La protección de Dios a sus hijos se extiende por encima y más allá de los peligros y la muerte.
Bendito sea el Señor Dios, Padre nuestro, que quiere hacernos hijos suyos y protegernos como tales. «Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que envió su ángel a librar a sus siervos, que confiando en Él despreciaron la orden real y expusieron su vida antes de dar culto a otro dios que el suyo» (Dn 3,95). Gracias, Padre de nuestro Señor Jesucristo, por tu amor infinito por nosotros, tus hijos. Queremos confiar ciegamente en Ti.
«Hijos míos queridos: os miro con amor y con dolor. Con amor porque sois la obra de mis manos. Con dolor, al veros divididos, enfrentados y lacerándome a Mí mismo en vuestros propios hermanos. Amaos unos a otros. Yo os amo siempre: cuando sufrís y cuando gozáis; cuando me amáis y cuando estáis alejados. Amad a mi Hijo Jesús, que es vuestro Salvador. Implorad a mi siervo José, que os mira con ojos de padre, como aprendió a mirar a mi Hijo, Jesús».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.