Miércoles 28 de junio

28.06.23

Miércoles de la 12ª Semana

LAS OBRAS DE LA FE

La acción. de Dios precede a todas nuestras buenas obras, que son suyas. Dios elige previamente a Abrahán y hace una alianza de fe con él. Sólo después Abrahán le ofrece a Dios sus obras: su sacrificio y ofrenda de animales sacrificados (Gn 15,9). Y Dios vuelve a intervenir y sella la ofrenda sacrifical poniendo milagrosamente el fuego del sacrificio (Gn 15,17).

Las obras, los compromisos, las decisiones y la conducta de los hombres manifiestan hacia afuera el interior de las personas: «Por sus frutos los conoceréis» (Mt 7:16). Las obras que nacen de la fe y del don de Dios, le son agradables; en cambio, las que no proceden de la fe son pecado (Rm 14,23), imperfección, proyecto demasiado humano sin acabamiento. Es inexacto oponer la fe a las obras. Se nos da la fe para realizar las obras buenas. Fe y obras van juntas, y cuando la fe es viva y sincera, se corona con las obras santas, que son gratas a Dios. En cambio, «un árbol (o un hombre) que no da frutos (de fe), se tala y se echa al fuego» (Mt 7,19).

Las obras buenas provienen de la fe, injertada en el árbol estéril de nuestra naturaleza humana, para que desde la fe produzca frutos buenos y saludables. No separemos lo que Dios unió: obras y fe, obras de fe y fe con obras.

Nuestras obras buenas vienen exigidas por nuestra nueva alianza de fe con Dios. Nuestra respuesta de siervos exige fidelidad en los pensamientos, las palabras y las obras. ¡Ojalá nuestras obras buenas glorifiquen a nuestro Padre del cielo! Un pretendido servicio a Dios sin obras de fe y de amor sería más una burla que un servicio. A Dios se le ama con obras de obediencia más que con palabrería.

Perdónanos, Señor, por la esterilidad de nuestra fe sin obras. Le hemos quitado gloria a tu Padre cuando no dábamos fruto bueno y abundante. Perdónanos por nuestras pobrezas culpables y sin las obras de la fe que nos reclamabas. Perdónanos porque no permitimos que tu gracia produjese en nosotros el diez, el treinta, el ciento por uno. Fuimos siervos malos y perezosos.

¡Gracias, Señor, por el perdón que nos das y por el propósito de enmienda que siembras en nuestro corazón! Amén.

El Pan de la Palabra dánosle hoy” Ciclo A – Ceferino Santos S.J.