Miércoles de la 30ª Semana
LA PUERTA ESTRECHA
Le preguntaron los discípulos a Cristo: «¿Son muchos los que se salvan? Más bien podríamos preguntarnos: ¿Cuántos se esfuerzan por, salvarse? Al que quiere la felicidad eterna, algo le cuesta. El que quiere la salvación definitiva ha de pagar algo por ella, aunque ya Cristo lo haya pagado todo por nosotros. Mientras aún tenemos tiempo, hemos que violentarnos: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha -nos pide Cristo-. Os digo: Muchos intentarán entrar y no podrán (Lc 13,24). Cuando el Señor cierre definitivamente la puerta, el que no haya entrado en el banquete se quedará fuera.
Dios pone condiciones para entrar en su casa. Nos exige obediencia a sus mandatos: «Hijos, obedeced a vuestros padres como el Señor quiere (Ef 6,1). Padres, no exasperéis a vuestros hijos» (Ef 6,4). «Esclavos, obedeced a vuestros amos como Cristo» (Ef 6 5) «Amos dejaos de amenazas» (Ef 6,9a). Todos hemos de entrar por la puerta estrecha del sometimiento a Dios: «Tenéis un amo en el cielo que no es parcial con nadie» (Ef 6,9b).
Junto con la obediencia a Dios y a sus representantes como a imágenes de Dios ha de acompañarnos la humildad. El que no se abaja ante Dios, no puede pasar por la puerta estrecha.
Padre Dios: ten compasión de tus hijos débiles y pecadores, que quieren obedecerte y amarte. Haznos imágenes de tu Hijo querido. No nos cierres la puerta estrecha de tu Reino eterno. Amén.
«Yo soy la puerta de la salvación y los vencedores entrarán por ella (Sl 128,20). Yo os quiero, con mi gracia, triunfadores del pecado, de Satanás, de vuestros bajos instintos y de la degradación del mundo. Luchad con el poder de mi Espíritu y saldréis triunfantes en la lucha. Míos son el poder, el honor, el triunfo y la gloria. Alabadme por mis victorias en vosotros».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.