Miércoles de la 4ª Semana
ACEPTAD LA CORRECCIÓN
Cuando David olvidó que era Dios quien le daba la victoria en las batallas y no el número de sus tropas, y se apoyó en los datos de un censo que le descubría «ochocientos mil hombres aptos para el ejército en Israel y quinientos mil en Judá» (2 S 24,10), David estaba desagradando a Dios. El Señor reprendió al rey y le dio un castigo a su elección: o tres años de hambre en todo el país, o tres meses huyendo de sus enemigos, o tres días de peste (2 S 24,13). David aceptó la corrección de Dios por medio de la peste, se arrepintió de su confianza en sus tropas, y Dios lo perdonó.
Además de la corrección de Dios, se da en la Iglesia la corrección jerárquica y fraterna. El bien comunitario y eclesial justifican la reprensión moral o doctrinal del equivocado.
Los que no aceptan la corrección de Dios ni el reproche de los hermanos, pierden muchas bendiciones celestiales y hasta milagros, como les sucedió a los conciudadanos de Cristo en Nazaret, pues «no pudo hacer allí ningún milagro; sólo curó a algunos; y se extrañó por su falta de fe» (Mc 6,5-6). Es peligroso rechazar a Cristo y a su mensaje de reprensión fraterna: «No desprecian a un profeta más que en su tierra» (Mc 6,4).
Nosotros Te queremos aceptar, oh Cristo, y aceptamos tu corrección y tu mensaje. Te damos gracias por todos los que en tu nombre nos han corregido, nos corregirán y nos corrigen. Son un don tuyo para nosotros y Te damos gracias por ellos. No permitas que los rechacemos, como los ciudadanos de Nazaret que no supieron aceptarte.
«Hijos míos: No olvidéis que Yo a los que amo, los reprendo. Mi corrección es amorosa, medicinal y paterna. Yo os doy gracias para soportarla y para enmendaros. Mi amor y mi Espíritu os están renovando».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.