Miércoles de la 26ª Semana
DIGNOS ANTE DIOS
Si los ángeles santos apenas son dignos de estar ante la presencia de Dios, cuánto menos los hombres, que nunca somos justos frente a Dios. Parecemos como una mota de polvo en medio de su creación gigantesca de la Osa y de Orión, de las Pléyades y las Cámaras del Sur.
Si tampoco somos dignos de presentarnos con exigencias ante los reyes de la tierra (Ne 2,2-5), mucho menos ante Dios. Para que podamos acercarnos a Dios menos indignamente, Jesús, el Hijo unigénito de Dios, ha querido tomar carne humana, hacerse como nosotros en todo menos en el pecado y presentarse humilde entre los pequeños: «El Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza» (Lc 9,58). Él se hizo pequeño como nosotros para poder levantarnos hacia Dios, su Padre.
¡Gracias Padre, por el don de Jesús, tu divino Hijo! ¡Gracias, porque, a pesar de nuestra indignidad, nos llamas a tu Reino de vida y nos preparas para él! Haznos a nosotros indignos, por medio de tu gracia y de tu gratuidad, dignos de tu Reino de Amor. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.