Miércoles 5 de marzo

5.03.25

Miércoles de Ceniza

VUÉLVETE A TU DIOS

La Cuaresma abarca un camino espiritual de 40 días hasta la Pasión y la Pascua de Jesús, nuestro Señor y nuestro Dios. Se trata de unos días de salvación y de un tiempo de gracia (2 Co 6,2). La Palabra de Dios nos exhorta, con palabras equivalentes a un cambio profundo: «Convertíos a Mí de todo corazón» (Jl 2,12); «Volveos al Señor Dios vuestro» (Jl 2,13); «Dejaos reconciliar con Dios» (2 Co 5,20) y pasad a ser amigos de Dios los que erais lejanos y enemigos.

¿Cómo podemos manifestar que nos estamos volviendo a Dios? La Iglesia nos recuerda diversas prácticas cuaresmales, que ayudan a nuestra conversión a Cristo, el Salvador. Más importante que las prácticas es el sentido profundo de conversión personal a Cristo, que todas ellas requieren. Así pues:

a) Gracias a la fe recibida podemos vivir ante la mirada de Dios que ve lo interior y lo oculto (Mt 6,4) y procuramos que nuestra mente se dirija a Dios y se centre en Él: «Convertíos al Señor Dios vuestro» (Jl 2,13).

b) Por medio del arrepentimiento nuestra voluntad se fija en Dios y rechaza el pecado con corazón contrito: «Rasgad los corazones, y no las vestiduras» (Jl 2,13).

c) Por la caridad y el amor nos volvemos hacia Dios y salimos de nuestros egoísmos hacia un encuentro personal y amoroso con Cristo y con el Padre: «En el tiempo de gracia Yo te escucho» (2 Co 6,2).

d) Por el ayuno nos apartamos de los excesos de la gula y de los bienes de consumo, y nos volvemos hacia los bienes invisibles de Dios, «proclamando el ayuno» (Jl 2,15) del gusto, y también de los labios, de los ojos y del corazón.

e) Por la limosna permitimos que otros tengan lo necesario y nos desprendemos de lo superfluo para centrarnos en los bienes durables, que no se convierten en ceniza, y en nuestro Dios, que vive para siempre: «que tu ayuno no lo note la gente, sino tu Padre que está en lo escondido» (Mt 6,18).

f) Finalmente, por la oración nos volvemos hacia Dios, con Él dialogamos, saliendo de nosotros mismos y de nuestras preocupaciones y de nuestro pecado para vivir en la Verdad y la Vida verdaderas: «Señor, perdona a tu pueblo y no entregues tu heredad al oprobio» (Jl 2,17).

«Ayúdanos, Señor, a recorrer este itinerario de Cuaresma con corazón contrito y humillado hasta que podamos experimentar tu amor y tu perdón. Amén».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.