Miércoles de la 27ª Semana
SANTIFICADO TU NOMBRE
Ante Dios, nuestro Padre, mil veces Santo, deseamos que su Nombre sea engrandecido, glorificado y santificado en sí mismo, pues es fuente de toda santidad. Y deseamos que el Nombre de Dios sea santificado en nuestras vidas, en nuestros deseos santos, en nuestros pensamientos rectos, en nuestras decisiones ajustadas al querer perfecto de Dios, en nuestras acciones justas y gratas a Dios. La santidad de Dios no es plenamente glorificada mientras que no habite en los corazones de los hombres y sean santos porque Dios también lo es.
Ante la santidad de Dios no tenemos derecho a irritarnos como Jonás (Jon 4,3), sino a guardar una respetuosa compostura y paciencia reverente. Clamamos porque el Reino de Dios venga a nosotros (Lc 11,2b) y destruya el reino de la violencia, del desorden, de Satanás y del pecado. Queremos que el poder, el señorío y el dominio de Cristo se extienda a todas las zonas de nuestra vida y de nuestro ser.
Para que Dios sea glorificado, pedimos cada día nuestro pan del mañana (Lc 11,3), el pan temporal para nuestro cuerpo y el pan eterno de la Palabra de Dios, de la Eucaristía y del gozo inmenso del cielo. Pedimos cada día el perdón de nuestros pecados para que Dios sea glorificado en nuestras vidas y reclamamos la alegría de perdonar a los demás (Lc 11,4) como Dios nos perdona. Nos alegramos cuando los ninivitas se convierten (Jon 4,11a) y otros muchos con ellos, porque cuantos más se conviertan más será santificado el nombre de Dios. Y al Señor de todos acudimos para que «no nos deje caer en la tentación» (Lc 11,4b) y nunca nos alejemos de Él por el pecado.
Padre: ayúdanos a vivir como hijos tuyos, santificados por Ti, sometidos a tu señorío y consagrados a tu amor. Defiéndenos de las tentaciones de buscar otras ventajas y otros reinos diferentes del tuyo, Reino de santidad, de verdad y de amor. Aliméntanos con el pan de tu divinidad y con la vida de tu Hijo Jesús, manjar nuestro para hoy, para mañana y para siempre. Amén.
«Hijos míos: refugiaos en mi Corazón de Padre: Acudid a Mi con vuestra plegaria continuada y perseverante. No soy un Dios lejano; dentro de vosotros estoy y me compadezco de vuestros males. Honradme, amadme e invocadme cada día».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.