MIÉRCOLES DE CENIZA
El tiempo cuaresmal debe ayudamos para purificar nuestro interior. Entonces, desde dentro brotarán actos buenos. Rezamos para agradar a Dios y no a los hombres: «Cuando recéis no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar… para que los vea la gente» (Mc 6,5). No debemos ayunar para que la gente note que ayunamos (Mt 6,16). La limosna no se hace con el fin de ser honrados por los hombres (Mt 6,2), sino para que el Padre que está en lo escondido, lo vea (Mt 6,18). Las motivaciones del orgullo y la vanidad pueden viciar hasta las mismas obras buenas. Se impone, por tanto y más que nunca en el tiempo cuaresmal, que purifiquemos nuestro interior «con ayuno, con llanto y con luto» (Jl 2,12). Nuestra voluntad libre tiene que dirigirse hacia Dios: «Convertíos al Señor Dios vuestro» (Jl 2,13). Le pedimos perdón por nuestros pecados y por los pecados de todo el pueblo para que el mundo infecto quede purificado y limpio: «Perdona, Señor, perdona a tu pueblo» (Jl 2,17).
En Cristo podemos ser reconciliados con Dios (2 Co 5,20). El destruyó en Sí nuestro pecado y luego nos hace ser en Él «justicia de Dios» (2 Co 5,21) y nos da la abundancia de su gracia: «Ahora es el tiempo de la gracia; ahora es el día de la salvación» (2 Co 6,2). No somos nosotros los que nos hacemos justos y practicamos la justicia. Es Dios quien nos justifica en Cristo. Sólo nos pide dos cosas: que digamos con arrepentimiento «no» a nuestro pecado y un «sí» generoso a la vida de gracia y al Espíritu Santo que nos ofrece. Esta sería una buena entrada en la Cuaresma purificadora.
Señor: que no echemos en saco roto la gracia de la conversión y salvación (2 Co 6,1), que Tú nos ofreces. Que Te aceptemos a Ti, Señor Jesús, como Salvador y Redentor, que nos purifica por dentro y nos santifica desde una entrega generosa para cumplir tu voluntad.
«Hijos míos: de vuestro interior brotan el orgullo, el ansia de estar sobre los otros, las divisiones y los enfrentamientos. Aún no estáis convertidos de veras a Mí. Aún buscáis vuestro interés y lucháis con los otros por defenderlo. Mis intereses son los que tenéis que defender y no los vuestros. Rasgad vuestros corazones y dejaos reconciliar por Mi».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.