Tras la Asamblea Nacional´2014, el domingo 6 de julio comenzó el Retiro Nacional de Sacerdotes de la RCCE en la casa “Cristo Rey” de Pozuelo de Alarcón. Casi 100 sacerdotes (además de 3 diáconos permanentes y 3 seminaristas) se unían para abrirse a lo que el Señor les tenía preparado. Cada uno iba con sus expectativas, esperanzas… y corazones (que sólo Él conoce). En cada uno, de distintas formas, obró y habló Dios. ¡Cómo siempre el Señor estuvo Grande!… ¿quién lo dudaba?
Este año la predicación corrió a cargo del padre Ghislaín Roy. Sin casi tiempo para el descanso físico, el Retiro trascurrió entre largas enseñanzas y muchos momentos de oración, orientado a desarrollar los carismas, desde la invocación constante al Espíritu Santo y la adoración. Jesús Sacramentado, desde su Altar, obraba maravillas en los corazones de nuestros sacerdotes. En la alabanza reconocíamos que sólo Él es el Señor, que no hay otro Santo…y el alma goza al saber que todo depende del que tiene Poder y Amor.
En la adoración, el alma se deja sanar y cuidar por Sus manos amorosas…y es fácil descansar en Él. Todas las noches permanecía el Santísimo expuesto para la Adoración y los sacerdotes se iban turnando para entrar en audiencia con el Rey, lo cual ha sido de gran ayuda. ¡Dios Presente! ¡Dios Vivo! ¡Dios que actúa! ¡¡Dios!!
Ya sabéis lo que dice el salmo: “ Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa…” Pues no estaban en los atrios, sino delante del mismo Dios, en Su presencia… Cómo no va a proclamar el corazón: “ ¡me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!”
Hubo también oraciones de sanación. Nuestros pastores pudieron reconocer el Amor y Fidelidad del que ha querido escogerles. Y se han abierto a recibir carismas de intercesión, sanación y liberación. Muchos resaltaron el momento de las confesiones. Tras unas pautas marcadas, todos ellos se dispersaron por toda la casa. Parejas de sacerdotes recibiendo y dando la Misericordia de Dios. Sin prisas…sin otra tarea pendiente más que con sinceridad abrirse a Él y con Amor darle.
Hubo momentos de testimonios que se pueden resumir en la alegría de reconocer el cuidado de Dios desde siempre; su Sabiduría y Providencia (sabe cuándo, cómo y dónde) y el deseo de ser siempre fiel al que muestra todo su Amor (¡pueblo, necesitan de nuestra oración para ello! No te canses de pedirle que les regale Su corazón y santidad.)
El jueves por la tarde se abrió la Eucaristía y muchos os acercasteis a agradecer a Dios el don del sacerdocio, a arropar a nuestros pastores… “Pueblo numeroso, alegría del Rey” Una bendición tanto para ellos, como para nosotros los laicos.
El viernes 11, salían con un corazón agradecido y esperando ya el próximo encuentro el año que viene.
Así que, en resumen: días de encuentro con Dios, rodeados de hermanos en el ministerio sacerdotal…días de gracia y bendición…días de escucha a lo que el Señor quiere… Días de renovación.
Nosotros, como Ministerio Nacional de Sacerdotes, solo podíamos gozarnos al ver la alegría y fervor de nuestros pastores; y damos gracias a Dios por cada uno de ellos, por lo que ha hecho, hace y hará en sus vidas (que repercuten en las nuestras) para bien de su Iglesia.
¡¡A ÉL, Y SOLO A ÉL, LA GLORIA Y ALABANZA POR LOS SIGLOS!!
MINISTERIO NACIONAL DE SACERDOTES RCCE
Testimonio de Ión Perea
¡Nunca hemos visto nada igual! Estas palabras bastarían para describir lo que hemos vivido en el retiro de sacerdotes de la RCCE. Bueno, describirlo es imposible… pero este grito de admiración de la gente que se pasmaba al ver lo que hacía Jesús (Mt 9, 33) sirve también para expresar lo que hemos vivido los casi cien sacerdotes (más tres diáconos y tres seminaristas) que nos hemos reunido en Madrid con el P. Ghislain Roy durante cinco días. La dos traductoras (el padre Roy habla en francés) y el ministerio nacional de sacerdotes, que también nos servía en música, nos han hecho experimentar también el cuidado que tiene Jesús con sus sacerdotes.
Jesucristo está vivo, y hemos visto el Evangelio hacerse real ante nuestros ojos: “Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios” (Mt 10, 7-8).
El cimiento de todos estos días ha sido la adoración al Santísimo: durante toda la noche, cada noche, el Señor ha estado expuesto en la capilla, para velar por nosotros, y para ir trabajando en nosotros. Además, durante muchas horas al día también hemos recibido el regalo de poder adorarle, con una oración que nunca se ha hecho pesada.
Han sido días de una intensa alabanza, que el Señor nos regaló desde el principio con una gran fuerza. Vivir este don con tantísima intensidad y tantas veces, nos ha renovado por dentro, al hacernos mirarle continuamente a Él. Han sido unos días también intensamente marianos: la presencia de María se podía palpar, no porque se buscase de un modo especial, sino porque lo llenaba todo. Ella es la Esposa del Espíritu, y la Madre de los sacerdotes, y no podía faltar en estos días de renovación de sus hijos… Y hemos vivido también con fuerza la fraternidad sacerdotal: no sólo es que hayamos rezado unos por otros, sino que nos hemos ayudado mutuamente a cada momento, acompañándonos en lo que el Señor iba haciendo en cada uno de nosotros. Ser testigo de las maravillas de Dios en nuestros hermanos nos lleva a darnos cuenta de con cuanta fuerza Jesús quiere y protege a sus sacerdotes.
Hacer un resumen de este retiro día a día sería difícil, o, al menos, bastante largo. Cada día el padre Ghislain nos ofrecía alguna enseñanza, pero muy unidas a la práctica de lo que enseñaba, de modo que la enseñanza, la oración e, incluso, el testimonio de lo que hacía el Señor en cada uno, iban a la par con mucha naturalidad. La fuerza de la sanación y la alabanza que hemos vivido tuvieron un momento muy importante en la Misa que celebramos con hermanos que vinieron de sitios diversos. Rezamos juntos, y se hizo presente el Señor con la fuerza de su Espíritu Santo.
Han sido unos días de continua efusión del Espíritu Santo, de mucha gracia, alabanza, unción y carismas. Pero, sobre todo, han sido unos días de intensa renovación interior. Sin exagerar (¡quedándome corto!) puedo decir que hemos vivido un auténtico Pentecostés, reunidos con María, recibiendo de Jesús Vivo el don de su Espíritu Santo. Detrás de todo esto ha estado la oración de mucha gente, de nuestros grupos de alabanza, de la gente de nuestras parroquias, de muchas religiosas… Sabemos bien la unción que hemos recibido es para derramarla sobre los demás: “lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis” (Mt 10, 8). A Cristo vivo, que con tanta fuerza se nos ha mostrado en este retiro, sea siempre el honor y la gloria. ¡Amén!
Testimonio de Óscar Martínez
Hace unos días, mi director espiritual me animó profundamente a ir a este encuentro (Retrio Nacional de Sacerdotes de la RCCE). Y yo, al principio, decidí ir, pero no me animé lo suficiente. Después, una amiga me volvió a invitar y debe ser que el Espíritu cuando quiere algo se pone lo suficientemente pesado como para hacer su voluntad en nosotros. Y al final acabé en el retiro.
Me presento. Soy Óscar Martínez Rodríguez, un sacerdote de la diócesis de Getafe que ejerzo mi ministerio en la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán de Huamanes de Madrid. Y acompaño espiritualmente a la RCC en esta diócesis como consiliario.
Sí que me veía en el retiro por dos razones muy simples: una era por el tema de la Sanación interior, que el padre Ghislain Roy trata de un modo fantástico, y otro, el poder ir íntegramente a un retiro de sacerdotes de la Renovación Carismática, pues realmente no he podido participar de uno íntegro hasta este.
El encuentro ha sido un gran regalo por poder ver como la Sanación interior es un tema a cuidar y fundamental en el corazón del hombre, y que estoy convencido que es la sanación que Dios quiere hacer en todo hombre. Me ayudó para ello mucho cuidar el sacramento de la Reconciliación y de la Eucaristía, y la fuerte alabanza que había en los sacerdotes. De este modo, el Señor, creo que fue tomando las riendas de nuestras vidas y le íbamos dejando más ser Él el que vive en nosotros y no tanto nuestro amor propio.
Hubo dos momentos muy especiales para mí: el primero ha sido la comunión y la sintonía entre todos los sacerdotes que participamos, sobre todo entre los asesores diocesano de la RCCE, gran regalo del que nos podemos sentir orgullosos. Qué importante es tener un mismo corazón y una misma alma. Dentro de esto también un gran regalo poder compartir este retiro con sacerdotes de la RCC en el Espíritu y ver cerca la unión de la Renovación Carismática Católica en España.
El segundo, el ardor de los sacerdotes en el momento de rezar por las personas en la misa del jueves, un gan regalo poder rezar con todo el corazón, para que el Espíritu Santo haga su obra en cada uno de sus hijos.
Doy gracias a Dios por esta obra preciosa que hemos podido compartir, por el padre Ghislain Roy y su gran experiencia y vivencia de la acción de Dios en su alma, pero sobre todo por la RCC y sus sacerdotes, que son un regalo del corazón de Cristo para su Iglesia.
Unidos en María, estrella de la Nueva Evangelización.