Sábado 7ª Semana del tiempo ordinario
DESEAR EL REINO DE DIOS
¿Para qué puso Dios al hombre sobre la tierra y «le concedió un plazo de días contados» (Si/Eclo 17,2), y lo hizo a su propia imagen (Si 17,3)? Sencillamente para darle «en herencia una ley que da vida» (Si 17,9) y «una salvación» imperecedera (1 P 1,4).
Todos los que desde la fe conocen algo sobre el Reino definitivo de Dios y su eterna felicidad, quieren adquirirlo y heredarlo. Pero, Jesús es taxativo en este punto: «El que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él» (Mc 10,15).
Y ¿cómo reciben los niños un regalo deseado e inmerecido? Muchas veces lo reciben a fuerza pedirlo insistentemente y suplicarlo. Nosotros hemos de pedir con constancia que el Reino de Dios venga a nosotros (Mt 6,10). También puede mucho la oración de los niños que piden a su Padre Dios un puesto en su Reino. Para los que se olvidan de pedir el Reino de Dios, sería bueno que orasen otros por ellos, que hubiese «mediadores» que intercedieran por los enfermos del alma y del cuerpo.
Como los niños, nos preparamos para recibir el regalo del Reino de Dios con deseos, desde la gratuidad de Dios y desde el agradecimiento; desde nuestra incapacidad de recibir algo tan valioso e inalcanzable a causa de nuestra pobreza espiritual y nuestra carencia de medios. Ninguna obra nuestra es merecedora y condigna del Reino de Dios. Años de penitencia no bastarían para conseguirlo, pues su valor es infinito. Pero poseemos los méritos infinitos de Cristo; tenemos la llave de su Cruz para abrir las puertas del cielo y el precio invaluable de su Sangre derramada. Somos niños pobres y sin méritos. Pero Cristo nos ha ganado el Reino de Dios y nos ofrece los boletos de la entrada. Él nos dice: «Subo a prepararos un lugar en el Reino de mi Padre» (Jn 14,2).
Aceptamos, oh Cristo, el regalo inmerecido, que nos prometes, de tu Reino con alabanzas y con gozo, con la admiración y la acción de gracias de niños, que van entrando en la incomparable Disneylandia del Reino celestial. Con inmensa alegría «ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén» eterna de lo alto.
“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.