Sábado 14 de octubre

14.10.23

Sábado de la 27ª Semana

DICHOSO EL VIENTRE QUE TE LLEVÓ

El mundo no puede ser plenamente feliz porque es prisionero del pecado. Su falsa felicidad se terminará pronto, cuando venga el Señor a juzgar a las naciones (Jl 3,12), pues rebosan los cubos de iniquidad y abunda la maldad (Jl 3,13).

María, en cambio, es bienaventurada porque escuchó y puso en práctica la palabra de Dios (Lc 11,28) y supo responder siempre a Dios como el día de la Anunciación: «He aquí la esclava del Señor». ¿Cómo no iba a ser dichoso el vientre que llevó a Jesús durante nueve meses (Lc 11,27) y estuvo habitado por el Amor de Dios, al que aceptó con un «sí» constante y continuado por parte de la Virgen?

Éste es el camino de la bienaventuranza con Dios. Nosotros seremos también bienaventurados si aceptamos continuamente, sin interrupciones, el amor de Dios en nosotros. ¿Qué pasaría en nosotros con nueve meses de fidelidad continuada al amor de Dios? ¡Cómo seríamos transformados por Dios en su Amor!

Cuando el amor de Dios mora en nosotros, podemos ofrecerle la ofrenda digna de Él: su mismo Amor. «En esto consiste la vida sobrenatural -escribió San Juan de la Cruz-: que el hombre dé a Dios, Dios mismo». Dios entra en posesión nuestra por los caminos más insospechados. Y uno de ellos es escuchar su Palabra con amor y guardarla con fidelidad. Entonces se cumple en nuestra alma una bienaventuranza parecida a la de María: «¿Quién es ésta que sube del desierto apoyada en su Amado?» (Ct 8,5). «Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.