Sábado de la 14ª Semana
PREGONADLO DESDE LA AZOTEA
No debemos ocultar ante los demás los caminos y los mensajes, que sabemos que les marca el Señor. El patriarca Jacob no escondió a sus hijos su deseo y el querer de Dios: «Enterradme con mis padres en la cueva del campo de Efrón» (Gn 49,29), donde reposaban los restos de Abrahán y de Sara, de Isaac y de Rebeca, y de Lía, la primera esposa de Jacob. José repite el mismo mandato a sus hermanos. «Llevaréis mis huesos de aquí» (Gn 50,25). Los mensajes y los deseos de Dios deben ser comunicados y clarificados siempre a sus destinatarios. Lo contrario sería traicionar la voluntad del Señor.
Es Cristo quien nos dice: «Lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea» (Mt 10,27). El Señor, cuando se comunica con sus elegidos y profetas, busca, en primer lugar, su santificación y el perfeccionamiento de su vida espiritual. Pero esos mensajes están destinados al bien de los otros y, por eso, han de ser difundidos.
Desde la azotea y en público hemos de predicar lo que el Señor nos comunique y manifieste; hemos de anunciar que pertenecemos a Cristo, que nos ponemos de su parte ante el mundo (Mt 10,32) y que estamos dispuestos a ser sus portavoces y voceros. Antes necesitaremos que el Señor nos comunique de noche, al oído y en lo oculto (Mt 10,27) su revelación, su mensaje y su persona. Sin escuchar antes a Dios, poco tendríamos que trasmitir de Él a nuestros hermanos, los hombres.
Bendito seas, Señor Jesús. Tú eres la voz de Dios, que ha resonado en nuestras vidas y en nuestros corazones como palabra que salva. Déjanos repetir tu voz a los hombres sin miedos y con el poder y las obras de tu Espíritu. Amén.
El Pan de la Palabra dánosle hoy” Ciclo A – Ceferino Santos S.J.