Sábado de la 19ª Semana
EL COMPROMISO FAMILIAR
La última responsabilidad ante Dios es insustituiblemente personal: «El que peca es el que morirá» (Ez 18,4). «Yo juzgaré a cada uno según su proceder» Ez 18,30). En cambio, el Señor suele hacernos sus invitaciones a la conversión en plural colectivo, dirigiéndose a todo el pueblo: Convertíos, apartaos de todos vuestros crímenes… (Ez 18,30b). Es claro que una conversión individual se mantiene con dificultad en un ambiente moralmente deteriorado. Esto vale también de modo particular para el ambiente familiar. Una familia sin práctica religiosa ayuda a que el niño olvide lo que le enseñan en el colegio cristiano. En un clima familiar de fe practicante y de oración, el compromiso cristiano individual con Dios se mantiene más fácilmente y crece la fidelidad al Señor en todos.
Es bueno fomentar en la familia el compromiso individual de los niños con Jesús para que se familiaricen con Él, lo amen y reciban sus bendiciones: «No impidáis a los niños acercarse a Mí» (Mt 19,14), dijo Jesús. Es necesario aproximar los niños a Jesús para que «les imponga las manos y rece por ellos» (Mt 19,13) Y por el crecimiento de su fe, de su amor y de su compromiso maduro, cuando se hagan mayores.
Es provechoso provocar las manifestaciones de fe pública y colectiva entre los pueblos. Es verdad que hay pauperistas eclesiales, que viven y viajan sin privación alguna, y luego propugnan una Iglesia «miserable» sin gastos en concentraciones multitudinarias, como las Jornadas mundiales de la Juventud con el Papa o las concentraciones en sus viajes apostólicos. Les falta el sentido de la importancia de las manifestaciones colectivas de la fe por todo el cuerpo místico de Cristo y de los compromisos nacionales y eclesiales con Jesús. Además de la creencia individual insustituible, está la creencia comunitaria y colectiva de todo el Cuerpo de Cristo. Además del compromiso del individuo con Dios, está el compromiso colectivo con Él de toda una familia y de toda una nación.
Señor Jesús: enséñanos a comprometernos maduramente Contigo en la fe y en el amor tanto como individuos que como familias y como pueblos. Queremos pertenecer masivamente a tu Reino. A Ti nos consagramos en plenitud.
«Consagradme a mi Corazón vuestras personas, vuestras familias y vuestros niños, que son el futuro de mi Iglesia. Consagradme los reinos y naciones de toda la tierra. Las bendiciones de mi Corazón bajarán sobre vosotros y viviréis una nueva era ec1esial de mi presencia y mi triunfo en vuestra historia. Quiero el reinado social y ec1esial de mi Corazón en el mundo».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.