Sábado 7ª Semana de Pascua
Vigilia de Pentecostés
QUIEN TENGA SED DE DIOS
Quien tenga sed de Dios, está invitado a venir a Cristo y a beber los torrentes de agua viva que manan de sus entrañas (Jn 7,37-38) y que significan su Espíritu Santo. Cristo siempre está en camino hacia el Padre y el que quiera beber en Él su Espíritu, tiene que caminar tras él y obedecer su mandato: «Sígueme» (Jn 21,19).
Seguiremos a Jesús con la cercanía y la intimidad del discípulo que en la Cena apoyó su cabeza en el pecho de Jesús (Jn 21,20). Seguiremos a Cristo con la constancia perseverante de un Pablo de Tarso, que lleva encima sus cadenas (Hch 28,20) desde Jerusalén a Roma, y beberemos su Espíritu de fortaleza para resistir en las pruebas. Y con su ayuda seguiremos «anunciando el Reino de Dios y enseñando la vida de nuestro Señor Jesucristo» (Hch 28,31) a todos los que están llamados a vivir la vida del Espíritu.
Beberemos en las fuentes del Espíritu de Cristo (Jn 7,39) para recibir las primicias del Espíritu y llegar a ser hijos de Dios (Rm 8,23). Beberemos del Espíritu para alimentar nuestra esperanza en la redención de nuestro cuerpo (Rm 8,25a). Beberemos del Espíritu para saber pedir lo que nos conviene, mientras el Espíritu de Dios intercede por nosotros con gemidos inarticulados e inefables (Rm 8,26).
Beberemos del agua del Espíritu de Cristo para conservar su única lengua de unidad y librarnos de la confusión de Babel (Jn 11,7) y de la división de los lenguajes. Queremos beber el agua del Espíritu de Cristo en nuestro camino, para quedar purificados y santificados como «un reino de sacerdotes y una nación santa» (Ex 19,6), propiedad de nuestro Dios, que escucha su voz en medio de las llamas y del trueno en la montaña santa (Ex 19,18-19) y le alaba y le bendice en su grandeza con una voz única y concorde.
Bebemos el agua del Espíritu Santo para que nuestros huesos secos se junten y florezcan, porque el Señor nos infunde su Espíritu y revivimos (Ez 37,6). Beberemos el Espíritu de Dios, que se derrama sobre toda carne (Jn 2,28) para poder profetizar la salvación, para soñar los sueños y los planes del Señor, para ver las visiones de nuevas primaveras del Espíritu y las maravillas de Dios.
‘Haznos venir a tus ríos, Señor; haznos beber de tus ríos, Señor; haznos vivir de tus ríos, Señor. Haznos venir, haznos beber, haznos vivir’.
«Yo me marché de vuestro lado para enviaros mi Espíritu de sabiduría, de fortaleza, de santidad y de vida. De mi Corazón y de mi costado fluyen los ríos del agua viva de mi Espíritu. Bebed en mis fuentes; vivid la vida de mi Espíritu; orad y trabajad con Él. Sufrid y esperad en mi Espíritu. Mi Padre y Yo nos hacemos presentes en dondequiera que mi Espíritu esté».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.