Sábado 2 de septiembre

2.09.23

Sábado de la 21ª Semana

ME GLORÍO EN EL SEÑOR

Aunque Dios nos manda que trabajemos y nos esforcemos en nuestros propios asuntos (1 Ts 4,11), ante él no tenemos que vanagloriarnos de nuestra eficacia ni de nuestras realizaciones.

Hasta las ganas de trabajar y consumirse por el Reino de Dios viene de su don gratuito, y el fruto espiritual de nuestros trabajos y el éxito de nuestras empresas son dones suyos. Por esta razón, también los frutos de nuestros esfuerzos han de devolverse al Dueño único y al invisible colaborador del hombre: «Señor, dos talentos me dejaste; mira he ganado otros dos» (Mt 25,22); pero los he ganado para Ti, mi Dueño, con tu sabiduría, con tu gracia y con tu poder.

Tenemos que devolver a Dios el éxito de nuestro esfuerzo y el fruto del trabajo, de nuestras manos (1 Ts 4,11). Sigamos progresando, pues Dios mismo quiere actuar y fructificar en nosotros. Él es el que hace maravillas en sus santos y en sus hijos. A Él se le debe toda gloria. Por tanto, no podemos ser empleados inútiles y vagos (Mt 25,26.30), porque así no le dejamos a Dios actuar positivamente en nosotros y nos pedirnos cuentas de nuestro descuido, que le roba a Él su gloria.

Padre Santo: actúa fuertemente en tus hijos; ilumínanos, santifícanos, redímenos y haznos a la imagen de tu Hijo predilecto, Jesús, Señor nuestro.

Que nuestras obras, esfuerzos y trabajos puedan glorificarte siempre pues sola tuya es la gloria. Amén.

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.