Sábado de la 15ª Semana
OPRIMIDOS Y LIBERADOS
Dios ve las penas y los trabajos de los hombres y los toma en sus manos (Sl 10,14) para que puedan quedar aliviados y liberados. El Señor se enfrenta «a los que meditan maldades y traman la iniquidad»… «y oprimen al varón y a su casa, al hombre y sus posesiones» (Mi 2,1-2). Dios medita la desgracia de los opresores (Mi 2,3), si no se arrepienten.
Cristo es el que nos trae la liberación divina y la salvación a los hombres. Él «curó a todos los que se le acercaron» (Mt 12,15) y trajo el derecho a las naciones (Mt 12,18) para que la justicia de Dios reinase sobre la opresión y la tiranía. Irónicamente Cristo acepta sobre sí, el Santo de los santos, la injusticia de los hombres. «Los fariseos planearon el modo de acabar con Él» (Mt 12,14). Pero, al perseguir y oprimir a Jesús y al llevarle injustamente a la muerte, Él nos soltó a todos de nuestras cadenas y esclavitudes.
¡Bendito seas, Jesús, nuestro gran libertador! «En tu nombre esperarán las naciones» (Mt 12,21). Tú nos liberas de Satanás, del pecado y de la muerte; y «no quebrarás la caña cascada ni apagarás el pábilo vacilante» (Mt 12,20), porque eterna es tu misericordia con los desamparados y oprimidos. Señor, a Ti nos acogemos; no abandones nunca la obra de tus manos.
«El que me es fiel, en la hora de la prueba, será liberado; en su aparente derrota alcanzará mi triunfo. No te deprimas en tu humillación y en tu fracaso. Yo te levantaré hasta la altura de mi Corazón, refugio de alivio, de amor y de consuelo».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.