Sábado de la 15ª Semana
María Magdalena
ENCONTRÉ AL AMOR DE MI ALMA
María, la de Magdala, después de una larga búsqueda, pudo decir ante Cristo con la esposa de los Cantares: «Encontré al amor de mi alma» (Ct 3,4). Después de encontrarse con Cristo, que echó de ella siete demonios (Lc 8,2), vivió un amor servicial a Cristo, ayudándole y siguiéndolo hasta el pie de la cruz (Jn 19,25). María continuó la búsqueda fiel de Jesús después de su muerte y al pie del sepulcro vacío del Señor (Jn 20,1-2). Ella mereció ser testigo cualificado de su resurrección, como lo había sido de su Pasión, y pudo anunciar a los apóstoles: ¡Jesús está vivo! Y es que no podemos retener a Jesús sólo para nosotros: «Suéltame y no me sigas tocando» (Jn 20,17), le dice el Resucitado a María Magdalena. El Señor es para todos.
Jesús se debe primordialmente a su Padre. Por eso, ha de subir a su Padre y nuestro Padre; a su Dios y a nuestro Dios (Jn 20,17b), para prepararnos el camino. María Magdalena tampoco puede quedarse inmóvil en la contemplación amorosa del maestro resucitado; será enviada por Cristo a sus hermanos con un mensaje de esperanza y de fe: «He visto al Señor en persona» (Jn 20,18). Los seguidores de Cristo han de entregar a los demás lo contemplado en su trato con Él: «contemplata aliis tradere», que pedía Santo Tomás a los predicadores. Aún estamos en el servicio terreno del Resucitado; no, en su gozo definitivo.
Prepáranos, Señor Resucitado, para que, siendo contemplativos de tus misterios y de tu Persona, lleguemos a vivir una acción apostólica ungida e iluminada.
El Pan de la Palabra dánosle hoy” Ciclo A – Ceferino Santos S.J.