Sábado de la 33ª Semana
LA VIDA PERDURABLE
«La vida perdurable es el término de todos nuestros deseos. Consiste, primariamente, en nuestra unión con Dios, ya que el mismo Dios es el premio y el término de todas nuestras fatigas: Yo soy tu escudo y tu paga abundante. (Sto. Tomás, Opus, Theologica, 2). En la vida eterna Dios mismo es nuestra recompensa.
En cambio, los que rechazan su unión con Dios y la vida gozosa sin término, tienen el peligro de perder su vida temporal y la eterna. El rey Antíoco, el perseguidor de Dios y de su pueblo, reconoce, derrotado y enfermo, que «no le han salido las cosas como quería» (1 M 6,8), porque se enfrentó a Dios, robó el ajuar de oro y plata del Templo de Jerusalén y envió tropas a exterminar a los habitantes de Judea sin motivo (1 M 6,12). Ahora Dios le pide cuentas y muere de tristeza en tierra extranjera (1 M 6,13).
La vida perdurable es muy distinta de la vida terrena. «En esta vida nadie puede satisfacer sus deseos…, sólo Dios puede saciarlos con creces hasta el infinito» (Sto. Tomás, lb.). Allí, los que sean juzgados dignos de la vida futura, no se casarán (Lc 20,35). Ya no pueden morir y son como ángeles e hijos de Dios. Han entrado en la tierra de los vivos, donde todos están vivos para Dios (Lc 20,38), porque Dios es un Dios de vivos y no de muertos. Estamos llamados a participar de la vida perdurable de Dios; nuestro destino no es la muerte eterna, sino la vida interminable de Dios.
Señor y Padre nuestro, fuente de vida eterna:
A Ti te amamos y Te deseamos, término de nuestras fatigas, descanso del duro trabajo, abrazo de eterna felicidad.
Creemos en la vida eterna Contigo y en nuestra futura resurrección gloriosa en tu Reino. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.