Sábado de la 16ª Semana
DICHOSOS VUESTROS OJOS
Fueron dichosos ellos, porque vieron al nuevo Templo, en donde Dios habitó con nosotros (Jr 7,3). María se convirtió en bendición para sus propios padres y en Arca de Dios para la Palabra del Padre, que iba a encarnarse en ella.
Hoy, más importantes que los templos de piedra y mármol que se quedan aquí abajo, son los templos vivos del Espíritu Santo que duran para siempre, como lo fueron San Joaquín y Santa Ana, María la Virgen y, sobre todo, Jesús, el Templo vivo de Dios. Hoy los adoradores en espíritu y en verdad veneran al Dios vivo y verdadero en el templo de su corazón y en cualquier lugar de la tierra, llena de su presencia.
Concédenos, Señor Jesús, vivir como templos santos de tu gloria. Danos la bienaventuranza de verte y oírte como San Joaquín y Santa Ana, que, muy probablemente, cerraron en paz sus ojos a esta vida, después de verte a Ti, su Salvador y su Esperado.
«Pedidme familias renovadas, donde María, mi Madre, y Yo podamos vivir gustosos y descansar entre amigos. Pedidme matrimonios con fe viva, que vean mi acción en sus hogares, que oren juntos Conmigo, con mi Madre y con sus hijos, para que den frutos de santidad y de vida eterna. Yo bendigo a las familias que oran juntas y con ellas me quedo».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.