Sábado de la 29ª Semana
Simón y Judas apóstoles
LOS NOMBRÓ ENVIADOS
Jesús es el gran enviado del Padre para liberar a los hombres de sus males, de sus pecados, de sus enfermedades y opresiones.
Es Cristo quien nombra enviados a «Simón y a Judas, el de Santiago» (Lc 6,13.15) y a sus compañeros. Son sus enviados para mantener y difundir la llama de Cristo, «luz del mundo» (Jn 8,12) entre aquellos que los iban a escuchar. Serán enviados con los mismos poderes reales, sacerdotales y proféticos de Jesús para anunciar entre judíos y gentiles a Cristo y a su mensaje salvador. Van a ser mandados sus apóstoles hasta los confines de la tierra para que atraigan a los extraños y forasteros a que se conviertan en ciudadanos del pueblo de Dios y miembros de su familia (Ef 2,19).
Los apóstoles son los «enviados» de Jesús para trasmitir su mensaje, el más importante para el tiempo y para la eternidad que podamos recibir: Somos llamados a participar de la herencia misma de Dios, «siendo morada de Dios por el Espíritu» (Ef 2,22). Después lo nuestro será huir de la inmoralidad y alabar a Dios (Ef 5,4). El testimonio eficaz de Cristo no lo difunden los apóstoles de Jesús solos. Cuentan con la ayuda poderosa del Espíritu de Dios. Los apóstoles de Jesús son sus mensajeros para luchar contra el pecado y avisarnos contra la idolatría, que impide nuestra herencia del Reino de Dios y de su Cristo (Ef 5,5).
¡Gracias, Señor Jesús, por tus apóstoles y enviados, que son don tuyo para nosotros y para el mundo!
Haz de nosotros nuevos enviados que transporten la antorcha de tu luz a todos los hombres que son tiniebla, para que vivan como gente hecha a la luz (Ef 5,8), desde la recepción gozosa de tu mensaje de salvación. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.