Sábado de la 25ª Semana
LA HORA DE LA PRUEBA
Es difícil captar el sentido de la ofrenda generosa de Jesús: «Al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres» (Lc 9,44). A los apóstoles esto les resultaba oscuro e incomprensible. ¿Por qué tenía que morir su Maestro? Los apóstoles y discípulos no entendían que el amor redentor de Jesús llegase al exceso de que el Justo padeciera y muriera por los pecadores.
El camino de amor y sacrificio de Jesús resulta difícil de entender para los hombres, que opinan de modos tan diferentes, como nos recuerda el libro del Qohelet o Eclesiastés: «Disfruta mientras eres muchacho y pásalo bien en la juventud; déjate llevar del corazón y de lo que atrae a los ojos» (Qo 11,9). Por mucho que el mundo rehuya la prueba, ésta llegará sin remedio, como pena del pecado y purificación del desorden de los hombres: «los valientes se encorvarán» (Qo 12,3), les «darán miedo las alturas y rondarán los terrores» (Qo 12,5a). «El hombre marcha a la morada eterna y el cortejo fúnebre recorre las calles» (Qo 12,5b). El ser humano solo es impotente ante las realidades de la decadencia , de la vejez y la muerte. Ante las pruebas definitivas sólo le queda al hombre el refugio protector de Dios: «El Señor nos guardará como Pastor a su rebaño» (Jr 31,10b).
Señor Jesús: Gracias porque nos precediste en las pruebas y nos das tu ayuda y tu refugio cuando la tribulación y el mal llaman a nuestra puerta. Tú eres nuestra muralla y protección. Tú nos guardas con tu amor como un escudo.
«Os he guardado y os seguiré guardando en medio de un mundo hostil. Yo protejo a mis ungidos. No quiero que se pierda uno solo de los que me dio mi Padre. Yo doy mi vida por vosotros, porque os amo y quiero salvaros».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.