Sábado de la 30ª Semana
ORAR POR TODOS
Cristo ha de ser glorificado en nosotros, sea por la vida, sea por la muerte (Flp 1,20), y también más allá de la muerte. Por eso oramos tanto por los vivos como por los difuntos, para que Dios no deseche ninguno del pueblo que Él eligió (Rm 11,2). Con humildad le pedimos a Dios que nos reserve un puesto en el Banquete de su Reino celestial (Lc 14,10).
Oramos por los difuntos para que sean purificados y el Señor les pueda decir a cada uno’ «Ánimo: suba más arriba» (Lc 14,10); asciende hasta mi gloria.
«Dios nunca ha desechado a su pueblo» (Rm 11,2). Cristo desea que «la resurrección y la vida» (Jn 11,25), que le son propias, se comuniquen a los que han muerto para que vivan para siempre. En Cristo poseemos nuestra victoria sobre la muerte (Rm 6,4). Gracias a Él, podemos exclamar: «¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?» (1 Co 15,55). En Cristo Jesús, nuestra muerte ha sido vencida.
¡Oh, Señora y Madre María, que venciste a la muerte en tu gloriosa asunción a los cielos, intercede por nuestros difuntos, y también por nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de vida y resurrección de nuestro Señor y Dios, Jesucristo, Redentor de todos! Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.