Sábado 6 de abril

6.04.24

Sábado de la Octava de Pascua

ABRID EL CORAZÓN Y LOS LABIOS

Cuando se abren los ojos del espíritu ante Cristo resucitado y a la experiencia transformativa de su Persona divina, a continuación se abren también los labios para anunciar y confesar la buena noticia del Resucitado.

Jesús se aparece a María Magdalena (Mc 16,9), y a ella se le despegan los ojos para reconocer al Resucitado y, enseguida, se le abren los labios para anunciar a los apóstoles la gran noticia vivida y experimentada: «Ella fue a anunciárselo a sus compañeros que estaban tristes y llorando» (Mc 16,10). Ante la noticia de Jesús resucitado surge la doble reacción de los que no creen ni aceptan y la de los que abren su corazón a la fe en Jesús vivo y glorificado.

Abrir los ojos, los corazones y los labios al Resucitado, ¡qué itinerario espiritual tan glorioso! Los dos discípulos a los que se les apareció Jesús de camino, abrieron sus espíritus al anuncio recibido y a la fe, pero los apóstoles no los creyeron: «Fueron a anunciarlo a los demás, pero no les creyeron» (Mc 16,13). Cuando Jesús se apareció a los once (Mc 16,14), por fin, abrieron sus corazones duros a la evidencia de la resurrección de Cristo y recibieron el mandato de difundir la noticia: «Predicad el evangelio a toda la creación» (Mc 16,15).

Así lo hicieron con obras poderosas y con palabras. «Es evidente que han hecho un milagro… y no podemos negarlo» (Hch 4,16). Sin embargo, los corazones de los judíos se cierran a la fe y se oponen a la difusión de la verdad: «les prohibiremos que vuelvan a mencionar a nadie ese nombre» (Hch 4,17) y que «prediquen y enseñen en el nombre de Jesús» (Hch 4,18). ¡Qué pena tanta cerrazón ante la verdad!

Abre, Señor, mi corazón y mis labios para que anuncie las maravillas de tu gloriosa resurrección. Que no nos cansemos de anunciar que Tú estás vivo para siempre y que quieres comunicarnos tu vida divina. Ablanda nuestros corazones para que Te recibamos y creamos en tu gloriosa presencia de Resucitado y triunfador.

«No temáis las amenazas y las persecuciones. Mi testimonio tropieza con corazones endurecidos y rebeldes. Pero Yo soy más fuerte que el mundo. A mis discípulos les costó aceptar mi resurrección y creer en ella. Pedid por los que no creen y esperad en mi poder que cambia los corazones».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.