Sábado 1 ª Semana de Adviento (Ciclo C)
EL MINISTERIO MESIÁNICO
Cristo, el Ungido de Dios, es enviado por el Padre al mundo para realizar su ministerio mesiánico y salvador en plenitud. Este ministerio mesiánico tiene múltiples aspectos y facetas. Es ministerio mesiánico recorrer ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas y anunciando el evangelio del Reino (Mt 9,35). El ministerio mesiánico de Cristo incluye la buena noticia de «curar todas las enfermedades y dolencias» (Mt 9,35b). Ministerio mesiánico en Cristo es su entrega total al Padre por nosotros para redimirnos y salvarnos con su propia muerte.
Y es ministerio mesiánico el que Cristo ore e interceda por nosotros al Padre desde su cruz y que le pida al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies (Mt 9,37). La oración de Cristo es infalible: «Se apiadará el Señor a la voz de tu gemido; apenas te oiga, te responderá» (Is 30,19). Así sucede con la oración que Cristo dirige al Padre.
Jesús quiere asociarnos a su ministerio mesiánico en sus distintas facetas. Quiere que oremos, unidos a sus clamores, para que el Padre nos escuche cuando pedimos que envíe trabajadores a su mies y ayude a los enfermos y afligidos. Jesús quiere que con Él y con sus doce apóstoles realicemos el ministerio de la proclamación de la buena noticia de Cristo y de la cercanía del Reino de los cielos (Mt 10,7). Desea Jesús que continuemos su ministerio mesiánico de «curar enfermos, resucitar muertos y arrojar demonios» (Mt 10,8) Son las señales del ministerio mesiánico de salvación, que es carismático en su esencia. Sin carismas el ministerio de Cristo pierde eficacia y credibilidad entre los hombres y ante el mundo.
Señor Jesús: nos abrimos sin resistencia para recibir los dones gratuitos de tu ministerio mesiánico. Te damos gracias por comunicamos tus poderes de salvación y permitirnos que los compartamos gratuitamente con los demás, que se acercan a tu Reino. Renueva tus dones y ministerios mesiánicos en tus enviados al mundo para que éste crea. Enséñanos a orar Contigo desde tu cruz al Padre por la salvación de tus ovejas descarriadas (Mt 10,6). Que por tu enseñanza y por tus hechos mesiánicos los hombres vean tu luz, siete veces mayor que la del sol ardiente (Is 30,27), Y caminen sin desviarse ni a derecha ni a izquierda (Is 30,21). Amén.
«Yo, vuestro único Maestro, sigo vivo y recorro ciudades y aldeas para anunciar el Reino de DIOS y curar enfermedades y dolencias. Yo quiero vendar vuestras heridas y curar vuestras llagas. Quiero derramar mis dones mesiánicos en una Iglesia renovada. Os envío a vosotros para que los utilicéis en mi nombre para la edificación del Reino de mi Padre en el mundo».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.