Sábado de la 26ª Semana
CRECE LA CRIATURA NUEVA
Como seres nuevos y renovados estamos llamados al crecimiento espiritual. En este día la Iglesia nos recuerda tres campos de este crecimiento: la acción de gracias la reconciliación y la oración de petición o súplica.
Ha de crecer nuestro agradecimiento a Dios por los bienes materiales y espirituales que nos ofrece. ¡Gracias porque crece el conocimiento de Dios en nosotros, su amor por Él y por los hermanos, el mutuo perdón y los dones terrenos y celestiales de todo tipo! Él nos da también poder «para pisotear todo el ejército enemigo (Lc 10,19) y Le damos gracias.
El crecimiento espiritual se extiende también a nuestra reconciliación con Dios y con los hombres, nuestros hermanos «Volveos a buscarlo con redoblado empeño» (Ba 4,28), reclama el profeta Baruc. El crecimiento en la reconciliación fraterna tampoco tiene límites y ha de ser continuado hasta que perdonemos a los otros setenta veces siete, esto es, siempre.
Finalmente, hemos de crecer en nuestras oraciones y súplicas por todos los hombres, para que se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Pedimos también confiados el crecimiento espiritual de las criaturas nuevas.
La «Salve» reconoce a la Virgen María como «Reina y Madre de misericordia». Ella se acerca a los afligidos por el pecado y por la muerte. Ella no da rodeos; va a buscar a sus hijos por todos los rincones de la tierra, en los llanos y en las altas montañas, y desde sus santuarios les lleva la buena noticia de la salvación que nos trajo su Divino Hijo, Jesús redentor de todos. A Ti, María, te recordamos en cada misterio del Rosario. A ti te saludamos con reverencia y amor, buena Samaritana y Madre de misericordia, Santa Virgen María. Acércate a nosotros, tus hijos, heridos y enfermos en este valle de lágrimas, y muéstranos el rostro bendito y misericordioso de tu Hijo Jesús.
Nos unimos también a la acción de gracias de Cristo a su Padre por sus humildes discípulos (Lc 10,21) y a su oración de intercesión en la cruz por toda la humanidad y aceptamos el perdón que nos ofrece. «¡Dichosos los ojos que ven lo que nosotros vemos!» (Lc 10,23).
Padre todopoderoso: «Te damos gracias por la revelación de tu Hijo Jesucristo y por todos los dones que con Él nos han venido. ¡Gracias cada día y cada hora! Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.