Sábado 4ª Semana
SACRIFICIO AGRADABLE A DIOS
Todas las religiones suelen ofrecer sacrificios a sus divinidades. La religión judeocristiana también honra a Dios con sacrificios. Es verdad que a Dios más que los sacrificios imperfectos de animales (Sl 49/50,12-14), le agradan sobre todo los sacrificios racionales del hombre que se ofrece en persona a Dios: «ofrezcamos a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de unos labios que profesan su nombre» (Hb 13,15). Más profundo aún que el sacrificio de alabanza en los labios, puede ser «el sacrificio de un corazón contrito y humillado, que Dios no lo desprecia» (SI 50/51,19).
A Dios le agrada el sacrificio y ofrenda total de nuestro ser de hombres, que se entregan a su servicio en cuerpo y alma: «Os pido… que ofrezcáis vuestros cuerpos como hostia viva, santa y agradable a Dios. Éste es el culto razonable que le debéis ofrecer» (Rm 12,1). La consagración sacrifical de nuestro yo a Dios es ofrenda grata a sus ojos.
El sacrificio agradable a Dios se extiende también a las buenas obras: «No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; esos son los sacrificios que agradan a Dios» (Hb 13,16). La obediencia y la docilidad a los jefes en la Iglesia (Hb 13,17) es otro sacrificio santo del yo, que agrada a Dios. Hemos de ofrecer a Dios el tiempo del silencio, del retiro y de la oración (Mc 6,31). Éste es un tiempo consagrado exclusivamente a Dios. Y no olvidemos tampoco como tarea sacrifical grata a Dios las horas del agobio de las multitudes, el trabajo sin descanso y la compasión por los necesitados (Mc 6,34).
Pero por encima de todo sacrificio no olvidemos de ofrecer cada día y cada hora a Dios el sacrificio de Cristo en la cruz y en el altar, que, en olor de suavidad sube hasta el trono de Dios. Este es el sacrificio más valioso a los ojos de Dios y el que da sentido teológico y vital a todos nuestros sacrificios. Ofrezcamos con amor a Cristo, víctima por nuestros pecados, «el que, en virtud de la sangre eterna de su Alianza eterna, nos pone a punto para todo bien» (Hb 13,20-21) y nos torna gratos y purificados a los ojos del Padre, que está en el cielo.
“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.