Sábado de la 13ª Semana
ALEGRÍA PARA VOSOTROS
Las bendiciones de Dios producen efectos gozosos en los hombres que las reciben. Si la bendición de Isaac ciego a su hijo Jacob, que le hace trampas, consigue una herencia grande y dichosa (Gn 27,28-29), cuánto más no seremos nosotros bendecidos con el gozo de Cristo, el Hijo de Dios y heredero universal.
La presencia consoladora de Cristo y la unión con Él y con su mensaje producen profunda alegría espiritual en los discípulos de Jesús. Es difícil que en presencia de Cristo amigo y en presencia del «novio» (Mt 9,15), los amigos del novio puedan vivir en tristeza y llanto. De un modo u otro se asociarán a su gozo y a su fiesta.
Uno de los frutos del Espíritu de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones (Rm 5,5), es la alegría y el gozo espiritual (Ga 5,22). Cuando en una asamblea de creyentes Cristo se manifiesta, la alegría se extiende por toda la multitud de los discípulos, e incluso los tristes sienten alivio de sus penas en medio de la explosión colectiva del gozo.
El vino nuevo de la alegría mesiánica, causado por el cumplimiento de las promesas de Dios, debe verterse en los odres renovados de los creyentes (Mt 9 17).
En los comienzos del tercer milenio nos abrimos a la esperanza del triunfo gozoso de Cristo, que es triunfo y gozo nuestro porque se nos comunica y porque sabemos que no seremos arrancados de su campo ni de su comunidad de amor.
Señor Jesús: haznos testigos del gozo de tu presencia en medio de tu pueblo. Ayúdanos a vivir la alegría desbordante de tus desposorios de amor con nuestra humanidad, más allá de nuestras cruces, angustias y problemas. Amén.
El Pan de la Palabra dánosle hoy” Ciclo A – Ceferino Santos S.J.