Sábado de la 9ª Semana
Inmaculado Corazón de María
EL CORAZÓN AGRADABLE A DIOS
Dios tendrá que mirar muchas veces el corazón egoísta, rencoroso y manchado de los hombres. Afortunadamente hay un corazón plenamente agradable a Dios: el Corazón inmaculado de la Madre del Amor hermoso. En su corazón mora en plenitud el Espíritu Santo. Dentro de su Corazón acoge y mora la Palabra de Dios, las acciones, la cruz y el gozo de su Hijo: «Su Madre conservaba todo esto en su corazón» (Lc 2,51).
En el Corazón de María radica también la solicitud amorosa por todos sus hijos y la angustia materna de la que sufre cuando nos ve que vamos por caminos de perdición y esclavitud. Ella es la nueva Judit por la que Dios aniquila a los enemigos de su pueblo (Jdt 13,17). Ella nos dice con más razón que a Jesús Niño, perdido y hallado en el Templo: «Mira, que tu Padre Dios y yo te buscábamos angustiados» (Lc 2,48). Ella se esfuerza para detener nuestra ruina (Jdt 13,20).
Te damos gracias, Señor Jesús, por habernos dejado como Madre nuestra a María. Dale gracias porque ha querido aceptarnos en su Corazón maternal. Desde el templo de su Corazón inmaculado oramos con Ella por todos sus hijos y Te pedimos que nos des un corazón parecido al suyo, que sea agradable a tus ojos. ¡Oh Dios, Tú que ves nuestro corazón, danos un corazón, como el de María, nuevo, limpio y lleno de tu Espíritu Santo!
«Consagrad vuestros corazones y vuestras vidas al Corazón de mi Madre. Ella intervendrá en vosotros y ordenará todo lo vuestro para que cumpláis con perfección mi querer y me deis gloria. Ella no se queda con nada de lo que le entregáis. Lo purifica y me lo ofrece a Mí. Amadme desde el Corazón de mi Madre y con su amor, tierno y suplicante».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.