Sábado 9 de septiembre

9.09.23

Sábado de la 22ª Semana

FUI YO QUIEN OS ENGENDRÉ AL EVANGELIO

A nosotros, que éramos enemigos de Dios (Col 1,21), Él nos ha admitido a ser pueblo suyo, santo, sin mancha ni reproche (Col 1,23). Si San Pablo se consideraba padre en el espíritu de los cristianos de Corinto, con mucha más razón podemos decir que María engendró, después de Jesús, a muchos otros hijos, que por ella reciben la vida nueva de Cristo. «La maternidad espiritual de María se extiende a todos los hombres, a los cuales Cristo vino a salvar; dio a luz al Hijo, al que Dios constituyó el mayor de muchos hermanos» (Juan Pablo II, Alocución del 31-7-96).

Dios Padre no podía consentir que nadie más que Él interviniese en la filiación y en el nacimiento de su Hijo. Solamente a Él podemos llamarlo Padre de nuestro Señor Jesucristo. El Padre se preocupa por sus hijos con providencia paternal y amorosa; y a su imitación todo padre o madre en sentido espiritual ha de mostrar solicitud amorosa por sus hijos en el Señor.

Cristo también se preocupa por sus apóstoles; les aconseja, les instruye, los aconseja y los disculpa. Cuando un sábado frotan unas espigas con sus manos (Lc 6,1), Cristo los defiende y disculpa, enseñándoles que Él es «el Señor del sábado» (Lc 6,5). El padre trata de comprender a sus hijos y carga con el peso más duro de su formación y educación, como hizo San Pablo con los de Corinto: «nos agotamos trabajando con nuestras propias manos; … nos persiguen y aguantamos» (1 Co 4,12). Es Cristo quien con su muerte nos ha reconciliado con Dios (Col 1,22). Es que toda paternidad espiritual conlleva sacrificio por aquellos a quien se ama.

María: Madre espiritual de los creyentes, sigue al pie de la cruz, orando por nosotros. Desde el cielo, al lado del trono de tu Hijo, ruega por nosotros pecadores, pero hijos tuyos también, que estamos necesitados de tu maternal ayuda y protección. Amén.

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.