Testimonio de David Calahorra

20.03.13

DavidCalahorraMe llamo David, tengo 32 años y soy sacerdote de la Diócesis de Alcalá de Henares. Recibí la ordenación sacerdotal el 21 de mayo de 2005. Fui párroco de Alalpardo y Valdeolmos de 2005 a 2010 y desde el 11 de septiembre de 2010 soy rector del Seminario Menor Diocesano. Casi ocho años de ministerio pero…esto empezó hace mucho tiempo:

1.-“Desde el seno materno me llamó” (Is 49, 1) Dios nos ha llamado a todos desde toda la eternidad, luego a cada uno le hace caer en la cuenta de este llamamiento en un momento determinado de su vida, a unos antes y a otros después, pero en mi caso su llamada no se hizo esperar. Desde muy niño, yo diría que desde que tengo conciencia, el Señor me regaló la certeza de que Él me quería sacerdote. Esta certeza creció conmigo y lo que parecía una “chiquillería”, el Señor lo corroboraba día tras día. Jesús me fue mostrando, poco a poco, lo que significaba ser sacerdote y mientras tanto yo iba comprobando, que eso que Él me mostraba, se correspondía plenamente con los deseos de mi corazón.

Esto era algo conocido por todos: en casa, en el colegio, entre los amigos… Pero llegó un momento en que sentí la necesidad de que mi vocación fuese cuidada, de poder compartirla con otros que tuviesen mi misma experiencia. Con los trece años recién cumplidos, ayudado por el cura de mi pueblo, ingresé en el Seminario Menor. Comenzaban así lo que fueron doce años de Seminario vividos al calor de la amistad con Cristo y del maternal cuidado de su Esposa la Iglesia. El Seminario ha sido para mí la respuesta a las inquietudes del niño, el compañero de camino del adolescente y del joven y por último, el gran hogar del que salí lleno de gratitud y cariño hacia él. También aquí jugaron un papel primordial mis padres. Mi familia fue la tierra fértil que hizo posible la siembra. Sin su ayuda nada de esto hubiera sido posible.

2.- “Llamó a los que Él quiso”(Mc 3, 13). Toda vocación es un misterio de amor. Uno se pregunta: ¿Por qué a mí y a otros no?…Y esta pregunta se agudiza cuando miras tu vida y ves que no das la talla, que has metido tantas veces la pata, que el seguimiento del Señor es exigente y que tú eres tan débil. Pero es entonces cuando el Señor te recuerda que Él te ha escogido por puro amor. Como a Pedro, a Andrés, a Juan, a Santiago…Él te llama porque te quiere y porque así quiere que suceda.

En el Seminario, Dios te regala hermanos, aquellos con los que compartes el gozo de sentirte llamado. Somos pocos obreros para una mies tan grande como la que se extiende por nuestra joven Diócesis. Aún así, el número es lo menos importante. Cada uno de nosotros hemos llegado al sacerdocio por diversos caminos y en distintas circunstancias, pero ha sido Jesús mismo el que nos ha llamado para que estemos con Él (Mc 6, 30).

Generosos y entregados es lo que pretendemos ser cada uno de nosotros en el día a día, donde se ratifica nuestro primer “sí”: en la parroquia, en los esfuerzos de la pastoral, especialmente con los niños y los jóvenes, con las familias y los enfermos,…, pero sobretodo en la celebración de la Eucaristía y en los ratos que pasamos a solas con Aquel que tanto nos quiere.

Y siempre como María. Y es que Ella no puede faltar. María es la primera discípula, el mejor modelo de respuesta a la llamada de Dios. Y a la vez, María y José, su esposo, son los principales formadores de los futuros sacerdotes de hoy y de siempre, con el mismo cariño con el que cuidaron en su casa de Nazaret del que es el Sumo y Eterno Sacerdote,“su Jesús”.

3.-“He venido a poner fuego en el mundo y ¡ y cómo quisiera que ya estuviera ardiendo!” (Lc 12, 49) Estoy convencido de que cada sacerdote ha nacido de este deseo profundo del Corazón del Señor, por eso escogí estas palabras como lema de mi ministerio.

El Buen Pastor hoy, como siempre, se afana por salvar al mundo entero prendiendo su fuego de misericordia en todo corazón humano que lo busca. Para esta tarea quiere contar con todos los esfuerzos posibles de su Iglesia, pero también con hombres que trabajen muy cerca de Él, con un corazón indiviso sólo puesto en Él, con una vida sólo dedicada a Él; hombres a su estilo: pobres, obedientes, mansos y humildes de corazón, en todo como Él. Puentes entre Dios y los hombres, que lloren con los que lloran, que rían con los que ríen, dispuestos a apostar siempre por una civilización nueva, la del amor. Presencia suya, imagen suya, otros cristos escogidos de entre sus hermanos y puestos en medio de ellos, unidos a Cristo totalmente y para siempre por la redención de este mundo que tanto ama.

Hoy el Señor sigue llamando. Jesús mismo, a orillas del mar de Galilea, comenzó la campaña vocacional que hoy continua. Para colaborar en ella no quiere que hagamos grandes cosas sólo nos pide que roguemos al Dueño de la mies que mande obreros a su mies.

¡Ánimo, Él cuida de su pequeño rebaño!. No nos cansemos de pedir. Ojalá haya muchos que se dejen entusiasmar por Cristo, que tengan valor para echar la mano al arado y que descubran que sólo Jesús es capaz de ofrecer razones por las que merece la pena entregar esta vida que hemos recibido para darla.

DAVID CALAHORRA MARTÍNEZ