Tú nunca estarás solo

20.03.13

JaimeValesPara poder explicar un poco lo que la RCC ha supuesto para mí en mi camino hacia y en el sacerdocio me tengo que remontar a mi adolescencia y juventud. Yo nací en México y viví ahí hasta los 18 años. Durante ese tiempo yo participaba en los grupos de catequesis de una parroquia. La mayoría de las parroquias en mi zona tienen muy interiorizada la alabanza, la oración, etc. Es como decir que la RCC está en cada parroquia pero sin llamarse así. (Espero haberme explicado)

Cuando llegue a España todo era más seco, frio, formal, etc. Yo anhelaba la alabanza y alegría de la fe de mi país de origen. Hice mi carrera y comencé el seminario. En el seminario en el primer año que estuve tuve un desierto difícil y durante las Jornadas de Oración por las Vocaciones, baje al turno de la RCC por curiosidad. No puedo decir con certeza qué paso, ni quien hablaba, pero la chica que estaba orando acrecentó en mi la fe, y superé ese bache.

En el segundo año de seminario fui invitado a una celebración de Pentecostés en Alcalá de Henares. Había enseñanza, efusión y eucaristía. Iba muy seco, sin saber muy bien cómo afrontar todo en mi vida. Ahí mismo mi corazón se ensancho tanto y mi alegría era tan grande que el Señor me dijo con voz clara: “Tu nunca estarás solo, siempre estoy contigo”. La certeza de ello me lleno tanto que a partir de ahí mi vida cambio. Esa fue mi efusión del Espíritu.

Posteriormente en el tercer curso de seminario se nos dio la oportunidad a algunos de participar en una Pascua Joven de la RCC. Ahí era consciente de mis dificultades personales, bloqueos, etc. Durante la Pascua, me gustaba todo, pero veía que el Señor no había tocado nada en mí. Me puse a tiro todas las veces que pude… me lance hacia Él en cada hueco que veía pero nada. Fue antes de la misa del domingo que rompí a llorar y ahí comenzó mi vida de sanación interior. Ahí se destapo la oración callada que gente de la RCC hacía por mi desde que me vieron por primera vez.

De ahí comencé a formar parte del grupo de Elohím en Madrid. A participar de alguno que otro encuentro aunque puedo decir que he ido haciendo siempre un camino de sanación interior. En resumen y cronológicamente la RCC me ha ido acompañando en el camino de salvación que Dios tiene para mí. Me enseñó a alabarle, a dirigirme a Él, a ver en Él a mi salvador, a reconocerle como mi médico, a vivir enamorándome de él.

Ahora que casi voy a hacer dos años de sacerdote reconozco, cada día que le alabo, que he de confiar más en Él, ser sus manos, labios y pies para todos, como otros lo fueron para mí, para Gloria de su Nombre y Salvación de los hombres. GLORIA A DIOS.

«Dame Señor la cordura de hacer locuras con tal de preservar mi fe.» P.D.

Jaime Vales